Nuestro horizonte es explorar la idea de los comunes como un modelo de producción alternativo

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Contamos un poco como es tu trabajo en los commons.

Desde hace varios años me vengo preguntando que tienen en Común las semillas y el software. Qué es lo que está pasando en los procesos de desarrollo de las cosas que necesitamos para vivir. Por un lado para comer, consumir y, por otro lado, para desarrollarnos culturalmente. Entonces descubrimos que en ambas partes, tanto de la vida productiva como en la vida cultural, se están dando los mismos procesos, que los llamamos de confinamiento de los bienes comunes. O sea de las cosas que por definición no pueden ser de una sola persona. Y una sola persona no puede tener el control de ellas.

Y tampoco debería de ser una gestión jerárquica, venga del mercado o del Estado. Entonces hay muchísimas cosas que creemos se reproducen de múltiples formas y son parte de nuestras vidas. Y esto se da en el mundo entero. Creemos que los comunes deberían ser gestionados desde abajo, desde la comunidad, desde la misma gente que los está necesitando para reproducir su vida. Ahí está la idea de los comunes. Para mi es una idea-fuerza en la que converge la idea de equidad, la idea de sustentabilidad y democracia. Los comunes como tal son una idea profunda y radicalmente democrática.

Entonces se trata de identificar las prácticas sociales que hay en el mundo entero. De hecho estamos haciendo un trabajo bastante internacional, estamos averiguando el “estado del arte” en la practica y en la teoria, el avance teórico que hay sobre ese tipo de procesos sociales, de como gestionar en común, de cómo hacer en común, para ir desarrollando, yo diría, un paradigma alternativo de desarrollo social. Y para pensar en una sociedad que pueda basarse en esa idea fuerza de los comunes.

Estamos haciendo un trabajo de identificar prácticas sociales, de ponerlas en contacto, de abrir espacios de reflexión, de comunicación, de ayudar a construir redes, ayudar a que haya un flujo de información entre espacios que a primera vista pueden parecer muy diferentes, que no tienen nada que ver, como las semillas y el software, pero luego resulta que para defender los commons, lo nuestro, tiene todo que ver.

Entonces abrimos ese tipo de espacios de reflexión. Pero también pretendemos construir puentes entre esas prácticas sociales diversas y el trabajo académico que hay sobre los bienes comunes. Uno no puede construir un movimiento, pero puede quizás abrir espacios en donde tengamos la libertad de encontrar de forma colectiva el camino para caminar juntos. Y eso es lo que estamos tratando de facilitar y de apoyar.

¿Cuál es el horizonte que tienen ahora?

Vemos la idea de los bienes comunes como un proceso y no como un hecho o como algo que cae del cielo, sino como algo que hay que construir en común, producir en común, reproducir en común. De hecho en lo que llamamos comunes, como espacios productivos sociales complejos, ya no hay esa separación entre la esfera productiva y la reproductiva. Son espacios de reproducción de la vida misma. Y si uno lo ve como esto, no como un hecho, no como una cosa dada, mucho menos como un bien económico, sino como un proceso social, de ahí se desprende la idea de que existe algo que le llaman “producción entre pares”. Esta “producción entre pares” es un hecho empírico, se observa en las áreas más diversas.

A través de las nuevas tecnologías por ejemplo se puede producir en común, no solamente las papas o las verduras que necesitamos a nivel local, si no también las infraestructuras que necesitamos para producir hardware, máquinas y otras tecnologías. Y nos hacen ser menos dependientes de lo que nos ofrezca mercado y estado. Y ya sabemos que en los momentos de crisis, estas ofertas de estado y mercado se van mermando por un lado, y por otro solamente tienen acceso los que tienen el “medio de intercambio”, o sea el dinero para acceder.

En ese sentido, nuestro horizonte es desarrollar o explorar la idea de los commons como un modelo de producción alternativo basado en el hacer en común. Y en la idea de que quién toma de los comunes también tiene que contribuir a que se sigan desarrollándose. Es la idea de la reciprocidad. Un modelo de producción en el cual lo que realmente cuenta es el valor de uso y no el valor de cambio, un modelo de producción en común en el cual nosotros todos tenemos la posibilidad de participar a un nivel mucho más horizontal. Un modelo que deshaga esas jerarquías que están dominando el modelo de producción en la actualidad. Entonces estamos explorando esa idea y viendo que ya se está dando en muchísimos espacios y estamos viendo como articularlas y como contribuir a que se desarrolle una teoría coherente acerca de estas prácticas sociales.

Por otro lado, se puede conectar o transmitir el meollo compartido de todas esas prácticas sociales diversas en el mundo entero, a la idea de reconstruir o cambiar la sociedad. ¿Podemos pensar en una sociedad basada en los comunes? ¿En la que todos participemos desde las necesidades individuales? Sólo se pueden satisfacer en cuanto no las separemos de las necesidades colectivas, sino que haya un respeto al hecho que mi desarrollo individual depende del desarrollo y la libertad del otro, y del desarrollo del respeto del interés colectivo y viceversa.

Entonces también estamos explorando si estos principios del hacer en común, que sí funcionan en las prácticas locales y que siempre han estado presentes en la historia de la humanidad, también puede estructurar la forma de cómo pensamos sociedad y la forma de cómo pensamos y diseñamos instituciones para una sociedad más equitativa y sustentable. De cierta forma es repensar la idea del estado y la sociedad desde la idea de los comunes.

¿Cuál es tu visión sobre lo que está pasando en América Latina con los procesos de cambios políticos y cómo los comunes entran o no en esa lógica?

En los últimos 30 años han habido procesos de cambio bastante intensos, que cuanto menos desde la izquierda y los movimientos sociales estamos aplaudiendo, pues han sido muy necesarios en la disputa del poder político, en la forma de cómo está diseñada la institucionalidad política. Sin embargo esta forma de pensar política no deja de ser una visión dicotómica que siempre nos deja con la derecha o la izquierda, lo bueno o lo malo, Estado o mercado. Y en función de nuestras preferencias o nuestra formación ideológica, apoyamos el uno o el otro, y yo creo que ponernos los lentes de los comunes nos permite ver que el mundo es mucho más rico.

Yo creo que hay que dar un salto más allá de éstas dicotomías. Realmente nos va a permitir dar un cambio en la forma de pensar sociedad, en la forma de pensar institucionalidad, la forma de pensar política. Y hay que refundar la idea de la política en las prácticas sociales que se están dando, y en la idea de que lo que necesitamos, para producir, para vivir, nunca es de una sola persona. Por eso tampoco es tan decisivo si el Estado tiene más o menos que decir en una cosa, sino que lo decisivo es cómo, de hecho, en la realidad material, definamos quién tiene acceso a qué, para hacer qué, y quién no puede tener acceso a qué, para evitar que ciertos daños se den, en esto bienes que nos son comunes. Y en esto ciertamente el quién manda o de quién es la propiedad es un punto muy importante a discutir pero no es lo más decisivo, lo más decisivo es el proceso en el que se da.

Ese proceso tiene que ser lo menos jerárquico posible. Entonces en cuanto tengamos un Estado que reproduzca la lógica jerárquica del mercado para producir mercancías que nos hagan competir en el mercado internacional, para reproducir la misma idea de la competencia, pues no vamos a avanzar mucho, nomás vamos a cambiar de dueño. Lo que necesitamos es salir de esta lógica de la competencia, de producir mercancías para el mercado en vez de producir y reproducir la vida para nosotros mismos. Por eso para salir de éstas lógicas dicotómicas nos sirve mucho la idea de los comunes.

Y creo que eso es algo que se tiende a olvidar en los procesos políticos, incluso en los debates alternativos de los movimientos sociales, porque se abraza mucho al Estado, se pone como mucha expectativa en que desde las políticas institucionales estatales estos asuntos del acceso justo y demás se van a resolver, y ya vimos que no. Ya vimos que incluso los nuevos gobiernos van por la vía o del neodesarrollismo o del neoextractivismo. Y a nivel material en los hechos que se dan en quién tiene derecho de uso, siempre el privilegio es de los que ya tienen, o los que van a invertir en la exploración de recursos naturales, porque, supuestamente, a través de esa forma de producción, van a permitir a una nación “competir en el mercado internacional”.

Entonces para salir de éstas lógicas tenemos que realmente deshacer la forma de cómo pensamos institución y la forma en como pensamos hacer política, y la forma de cómo pensamos Estado.

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