Por un ciberfeminismo interseccional en América Latina

Danae Tapia

1. Perspectivas ciberfeministas y el riesgo posmodernista en tiempos capitalistas

“El virus del desorden en el nuevo mundo”, así definió el colectivo artístico australiano VNS Matrix el ciberfeminismo al acuñar el término de forma pionera en su Manifiesto Ciberfeminista (1991). Desde el arte plantearon la vinculación entre mujeres y tecnología como un asunto político imaginando un ciberespacio libre de patriarcado en el que múltiples identidades se construyeran libremente, en palabras de VNS Matrix: “un ciberespacio en que el clítoris tuviera una línea directa a la Matrix”.

Semejante aproximación tiene muchos componentes auspiciosos: posibilita guías para la investigación en tecnología, para la creación de nuevos lenguajes que atiendan a la lucha feminista y a la diversidad sexual, para la interrupción del orden masculino en los entornos digitales.

El nacimiento del ciberfeminismo constituye un aporte por su aproximación radical y libertaria que propone una revuelta de mujeres y computadores contra un mundo opresor, de acuerdo a la teórica de origen paraguayo Faith Wilding, se trataría de “una insurrección post-humana absoluta” (Wilding, 1998 : 61). Este ideal político, sin embargo, se ve eclipsado por una atracción inevitable a las interpretaciones posmodernas, definidas por el marxista Alex Callinicos como “un significado flotante, con el cual una inteligentzia busca articular su desilusión política y su aspiración a un estilo de vida orientado al consumo” (Callinicos, 2011 : 333), en ese sentido, las ideas estilo “haz lo que quieras en el ciberespacio” son susceptibles de enredarse en individualismos propios de la ideología liberal. La estética ciberfeminista no bastará por sí sola para desafiar el status quo, nos proveerá momentos satisfactorios donde entre pares nos palmotearemos la espalda celebrando nuestra visión avanzada, pero si no incorporamos otras discriminaciones como las de raza y clase eso no será suficiente.

De hecho, la práctica ciberfeminista no ha alterado el patriarcado en los medioambientes tecnológicos en escalas amplias. Por ejemplo podemos recurrir a Donna Haraway y su Manifiesto Cyborg donde propone la tecnología como “un argumento para el placer en la confusión de los límites, una posibilidad post-género de identidades cyborg parciales y contradictorias en su relación con las máquinas” (Haraway, 1991 : 292), esta utopía evidentemente no se ha concretado ya que las relaciones de poder entre las identidades sexuales siguen intactas y la tecnología ha operado como cómplice de la sociedad patriarcal en ese sentido, determinando nuestros comportamientos como mujeres hacia lo banal y lo conservador.

Es el caso del odio contra las mujeres en múltiples foros e instancias virtuales que han devenido en acoso y pornovenganza (Tapia, 2014) así como las ideas asumidas sobre la mujer en diversos servicios de las redes sociales de vigilancia donde nos instan a ubicar nuestra identidad sexual en géneros binarios, codificar nuestras relaciones sexuales de acuerdo a los entendimientos patriarcales de Facebook, promover deseos consumistas inscritos en las narrativas del fashion blogging y hacer de nuestros cuerpos algo válido en la medida que se ajustes a las líneas estéticas de servicios como Instagram o Tumblr.

Las relaciones de poder entre las identidades sexuales siguen intactas y la tecnología ha operado como cómplice de la sociedad patriarcal en ese sentido, determinando nuestros comportamientos como mujeres hacia lo banal y lo conservador.

El sueño ciberfeminista libertario no ha llegado junto con la masificación del Internet y ha sido por falta de definición política en pos de una fantasía posmoderna que es terreno fértil para la moral capitalista. Es más, la ética hacker, en la que supuestamente no importa quien seas si es que tienes las habilidades técnicas, no importa tu edad, tu raza, tu identidad sexual, es engañosa al respecto y así lo comentó el fallecido activista Aaron Swartz al referirse a la misoginia de los circuitos técnicos siendo claro en que “las únicas mujeres que están en tecnología son las que están dispuestas a tolerar el abuso misógino” (Swartz, 2007) que muchas veces viene de individuos reconocidos que el mismo Swartz consideraba sus amigos.

En el afán utópico de una internet supuestamente autorregulada por una comunidad inteligente y participativa no hay lugar para una autocrítica que se pregunte por qué Internet está lleno de hombres y lleno de blancos. Hay una comunidad que prefiere ignorar los vicios históricamente machistas del mundo offline.

Este panorama no debe significar en ningún caso volcarse al trabajo político propio de las sociedades neoliberales. Hoy podemos ver cómo una serie de actores tradicionales usufructúan de los conflictos sexuales en entornos digitales argumentando un compromiso por la identidad de género que a la luz de sus actividades resulta discutible.

Por un lado encontramos organizaciones no gubernamentales que están sometidas a las expectativas de sus donantes del hemisferio norte y por otro está la política tradicional sujeta a los intereses corporativos de quienes los financian. No podemos confiar en estas instancias organizadas por privilegiados que pretenden acercarse a mujeres que no conocen, que planifican políticas públicas que no agredan a los legisladores hombres, que ven como una tragedia la poca representación femenina en Silicon Valley. Este tipo de inclusión nunca nos bastará porque hay una red significante capitalista que los cubre inevitablemente. No nos debería interesar ser incluidas en sus discusiones de blancos ni en sus emprendimientos tecnológicos nacidos al alero del machismo.

2. La interseccionalidad como respuesta

Entre el posmodernismo y la política blanca como aproximaciones al entendimiento de la relación entre mujer y tecnología sólo terminamos perpetuando la dominación patriarcal que es excelente aliada del neoliberalismo. No se le ha dado la importancia necesaria a la identificación de las estructuras e instancias opresoras, las cuales son múltiples dependiendo de los contextos y que en América Latina son completamente distintas a las de las mujeres del norte y a las que se imaginan los hacedores de políticas públicas.

Es urgente una aproximación interseccional.

La perspectiva teórica de la interseccionalidad es clave para el estudio de las discriminaciones y ha sido sumamente significativa para delinear movimientos intelectuales a los que hoy le debemos mucho como el feminismo negro planteado por referentes como Patricia Hill Collins (2009) quienes vieron cooptados sus intereses por lógicas académicas de mujeres blancas.

Básicamente se podría definir el concepto de interseccionalidad como un modo de entender el domicilio social de determinados individuos o grupos en una red sistemática de opresiones. No está completo un entendimiento feminista de un grupo en particular si sólo se consideran los genitales con los que una persona nace, es fundamental también considerar componentes como la etnia, la raza y la clase. Todos esos componentes son gravitantes también al hablar de ciberfeminismo.

Un ciberfeminismo de mujeres privilegiadas bordea lo inútil y sólo conducirá a instancias como la descrita por Simone De Beauvoir en El Segundo Sexo en la que las mujeres de clase alta no se inscriben en la lucha feminista porque prefieren proteger su posición social (De Beauvoir, 2008 : 23). Ningún valor tiene llamarse ciberfeminista en América Latina si no trabajas por una red inclusiva y accesible para las mujeres pobres, si no consideras en tu trabajo cibernético la riqueza de etnias de nuestra región. Un activismo feminista sin ese componente crítico es inservible.

Ningún valor tiene llamarse ciberfeminista en América Latina si no trabajas por una red inclusiva y accesible para las mujeres pobres, si no consideras en tu trabajo cibernético la riqueza de etnias de nuestra región. Un activismo feminista sin ese componente crítico es inservible.

3. Proyecciones políticas del ciberfeminismo

El ideal ciberfeminista tiene un potencial tremendo y necesario. Pero su éxito y trascendencia sólo dependerá de su capacidad de acción directa y definición política.

Se dijo en los noventa “cyberfeminism is not ideology, but browser” (Wilding, 1998 : 62), hoy es el momento de decir que el ciberfeminismo es acción, no charla estéril, por eso yo apoyo las iniciativas que proponen soberanía tecnológica y no a quienes construyen en el terreno de los poderosos y nos engañan con sus mistificaciones disfrazadas de inclusión.

La única manera de ahuyentar estas charlatanerías es definir con claridad nuestros objetivos políticos como ciberfeministas, haciendo una crítica explícita al patriarcado institucional de manera de anular el aprovechamiento capitalista.

El corazón de los inicios del ciberfeminismo contiene las herramientas que necesitamos, como la separación estratégica respecto a los privilegiados, el desarrollo de contenido hecho por y para nosotras en nuestras propias plataformas. Terry Eagleton criticó una vez aquella reticencia a definirse masiva y políticamente por miedo a una alienación siendo que muchas veces esa identificación se vuelve la condición básica para conseguir la emancipación (Eagleton, 2011 : 168). Necesitamos autogestión ciberfeminista, software y hardware libre ciberfeminista, servidores autónomos ciberfeministas y formar nuestras propias redes ciberfeministas e ingobernables.

Hoy existen iniciativas que comparten esa ética, pienso en instancias libertarias multinacionales como Riseup, el hackerspace Rancho Electrónico en México y muchos otros ejemplos regionales que operan al margen de lo establecido y que es probable que no quieran ser mencionados. Identificar a estos grupos es muy fácil: son justamente los que no están financiados ni por filántropos blancos, ni por gobiernos, ni por empresas que se las dan de progresistas.

Un ciberfeminismo no necesita el cochino dinero de esa gente porque nuestro triunfo significará la generación de una nueva economía y de una nueva política creada a partir de nuestras propias lógicas igualitarias.

Bibliografía

Callinicos, Alex. (2011). Contra el Posmodernismo. Buenos Aires: Razón y Revolución.

Collins, Patricia. (2009). Black Feminist Thought. Abingdon: Routledge.
De Beauvoir, Simone. (2008). El Segundo Sexo. Buenos Aires: Sudamericana.

Eagleton, Terry. (2011). Why Marx Was Right. Cornwall: Yale University Press.

Haraway, Donna. (1991). A Cyborg Manifesto: Science, Technology, and Socialist-
Feminism in the Late Twentieth Century. En D. Haraway, Simians, Cyborgs and Women: The Reinvention of Nature (p. 312). Nueva York: Routledge.

Swartz, Aaron. (2007, Mayo 2007). A Chat with Aaron Swartz. (P. Lenssen, Interviewer)

Tapia, Danae. (2014, Agosto 28). ¿Es necesaria una ley contra la porno venganza? Revisada en Agosto 21, 2015, desde Derechos Digitales: https://www.derechosdigitales.org/7853/es-necesaria-una-ley-contra-la-porno-venganza/

VNS Matrix . (1991). Cyberfeminist Manifesto for the 21st Century. Adelaida.

Wilding, Faith. (1998). Where is Feminism in Cyberfeminism? Paradoxa: International feminist art journal , 2 (98), 6-13.

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