La ocupación del Espacio Público es fundamental, no podemos quedarnos solo en las redes

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Contanos cómo te involucraste con la práctica y la teoría de los commons

Bernardo Gutiérrez: Pues yo creo que empecé antes mismo de saber qué era el commons. Yo vengo de una familia republicana, que ha luchado en la Guerra Civil contra el bando fascista y que participaba en experiencias cooperativas comunales. También hice algunos trabajos en la universidad alrededor del anarquismo y de las prácticas comunitarias, no sólo en la Península Ibérica, sino también en Rusia y en América Latina.

Luego, más concretamente, me vinculé muy pronto a la llamada Cultura Libre, al copyleft y en contra el copyright. Entre 1998 y 1999, ya como periodista y activista, publiqué bastantes cosas. Desde los inicios de 2000 y 2001 ya escribía mucho sobre tecnologías libres en periódicos importantes y, así un poco de mi experiencia vino de forma asimétrica: tanto por medio del estudio y a través de la práctica personal y familiar alrededor de lo común, como por la cultura libre y lo digital.

Luego de 1998 a 1999 pasé un año en América Central, vinculándome a los movimientos comunitarios, a procesos sociales tradicionales y con los movimientos indígenas. Siempre tuve un interés bastante grande en cultura indígena y afro, sobre todo en América Latina. Y después de vivir allí, regresando a España, me iba mucho a América Latina para hacer reportajes sobre temas sociales y estuve un poco vinculado al Foro Social Mundial en Porto Alegre.

Yo creo que el movimiento sobre la antiglobalización también me marcó. Así que durante los años de 2000, 2001 y 2002, yo estaba bastante metido en comunicación libre, Indymedia… y, al mismo tiempo, viviendo en España manifestaciones gigantescas.

Fue un poco por ahí… Pero sí fue muy importante, por ejemplo, vivir del 2004 hasta el 2008 en Brasil y conocer la llegada de los gobiernos latinos progresistas. Como periodista, cubrí la llegada de Evo Morales a la presidencia de Bolivia, pude trabajar y estar con grupos indígenas; además también estuve en Chiapas, en América Central y en Colombia. Todo ese proceso lo viví en la carne.

Estuve en los quilombolas en Brasil, país en donde tuve la suerte de compartir muchos procesos, como también con el MST. Y claro, ahí surgió una unión de cosas muy interesantes, como por ejemplo, prácticas de cultura comunitaria y software libre, las propuestas culturales de Gilberto Gil y toda la parte de Creative Commons, desde el Minki. Todo eso lo viví en primera persona, en las carnes, y a partir de ahí fui publicando y escribiendo sobre ello. Estaba bastante metido y, cada vez más, vinculado a la Cultura Libre y al copyleft, pero no pensado como tecnología sino como procesos. Ahí me puse colaborativo.

Entonces llegaste un poco al movimiento del commons antes de que el mismo fuera nombrado como commons o procomún. ¿Y cómo lo ves ahora que existe la conceptualización y el debate? ¿Crees que la conceptualización de esas prácticas latinoamericanas como “Commons” las ayuda?

Bernardo: Te cuento un poco el caso que tengo más cercano y significativo, que es el de España, pues este es un país con muchas prácticas procomunales milenarias, prerrománicas incluso, o celtas, ibéricas y árabes, en donde el concepto siempre fue muy fuerte. Lo que pasó con estas prácticas es que se eliminó la narrativa de lo común, pero siguieron existiendo y luego se creó, a partir de 1995 más o menos, este discurso ideológico del procomún.

De hecho se rescató la palabra “procomún” que es una palabra de más o menos 1470, si mal no recuerdo, que se usaban en los concejos y las prácticas colectivas de aquella época. Y se rescató desde la cultura hacker, desde los laboratorios del procomún, desde programadores hackers y software libre. Realmente hubo un trabajo interesante de legitimar prácticas, investigar qué redefiniciones y transversalidades podrían ser creadas, y que creo que ahora se ha visto que el papel de estos grupos e iniciativas ha sido muy importante.

Es decir, las prácticas de procomún ya existían, pero se apagaron en cierto sentido y hasta las intentaron borrar, pues llegó el mercado, el capitalismo y el mal llamado progreso, por ejemplo: yo tengo un carro voy al shopping center y me olvido de lo común.

Pero claro, está toda esta labor, por ejemplo, del Programa artístico-cultural MediaLab Prado que tiene 10 años de laboratorio del procomún, de documentación y trabajo sobre el procomún en documentales, en mucho debate.

En España se ha debatido desde el ámbito intelectual alrededor de lo común y se han legitimado, por un lado, prácticas que ya existían y que la gente se ha dado cuenta que son cool: “¡ah mira los bosques gallegos de propiedad comunal!” – que hacen tres mil años que estos tipos están gestionando los bosques de forma comunal, y esto no aparece en los periódicos. Pero existe en toda España, de hecho no ha desaparecido, como en Inglaterra que sí desapareció y que antes también existía.

Y luego ha incentivado la existencia de nuevos proyectos, un imaginario común, una narrativa, un imaginario del bien común, del procomún, que ha generado una diversidad de proyectos alucinantes que yo pienso que sí que son importantes para prototipar y hacer cosas para que exista esta narrativa y esta narración, este relato de lo común.

Es decir, darle visibilidad, contarlo, explicar qué es lo común, cómo podemos hacer cosas. Rascar en la historia como cuenta Rubén Martínez: ¿si tenemos tanta historia al rededor de lo común porque no la rescatamos y vemos cómo se remezcla, cómo avanzamos hacia otra dirección?.

Entonces yo creo que sí, que ha sido bastante importante. Quizás ahí el truco de MediaLab Prado fue tener un núcleo de pensadores y debates del procomún, pero era un núcleo de hacedores, de makers, el laboratorio del procomún, que la gente no está ahí pensando sólo en el procomún, sino en qué hacemos: que venga una placa arduino, la ciudad datos abiertos, más movimientos urbanos.

En el laboratorio del procomún se tratan cosas de lo común, entonces ahí estuvo bueno. Yo creo que los laboratorios del procomún han sido vitales a nivel de juntar laboratorio digital y cultura hacker, y procomún colectivo cooperativo, fue algo muy loco en la época que no se entendió. Ahora ya está como “ohhh: MediaLabPrado” – pero en la época miraban y decían estos tipos están colgados.

Y contextualizando estas prácticas en América Latina, ¿podrías contarnos desde tu experiencia qué laboratorios hay y qué experiencias existen?

Bernardo: Evidentemente es una realidad diferente, es una realidad muy rica de prácticas de lo común prehispánicas. Es decir, vamos a ver: hay una historia muy, muy rica y milenaria de prácticas indígenas alrededor de lo colectivo y de lo común.

Y luego también es verdad que la historia lo ha contado mal: desde España no sólo llegaban las fuerzas del emperador a colonizar, sino que también llegaban los exiliados comuneros y eso no lo cuentan los libros de historia de los colegios de España. Las revoluciones comuneras fueron las primeras revoluciones del commons en la Europa de 1523, en Valladolid y en Burgos.

O sea, era gente que hizo revoluciones contra el emperador para defender lo común y a esa gente la mataron y otros que sobrevivieron salieron corriendo a Paraguay y a México sobre todo. Y montaron una serie de revoluciones comuneras en México en el siglo XVIII, en Paraguay y en Perú. Entonces se juntó un poco de todo.

Lo que evidentemente hicieron las élites, y las élites criollas después de la independencia de los estados latinoamericanos, fue que, digamos que borraron esta huella común, como que diciendo: “esto es marginal no interesa; el capitalismo y lo que nos vende el norte es lo que interesa”.

Y digamos que no se borraron las prácticas, pero si la narrativa. La narración mitificante de lo colectivo o del bien común o todas esas prácticas colaborativas que todavía existen ya sea la AYNI, ya sea el Tex en México. Y ahora lo que ha ocurrido es que Hollywood, Estados Unidos y Europa generaron este gran relato de entusiasmo neoliberal: Mickey Mouse y etc. etc.

Y eso ha sido calado, es decir, es una conquista cognitiva que luego llega a la doctrina del Shock que es como: “bueno, vamos a hablar de Hollywood, mitificar el shopping center, mitificar el consumo. Ahora te meto a Mickey Mouse y ahora olvídate de hacer cosas colectivas con tus amigos indígenas”. Entonces el relato del imperio y de Hollywood y de Estados Unidos concretamente, el modelo americano, fue tan gigantesco que prácticamente anuló los relatos existentes del común en América Latina.

Cuando se monta una guerrilla narrativa desde lo micro, desde lo hiperlocal, se mitifica, al igual que ellos mitifican Hollywood, el consumismo el individualismo y la competición. Si mitificamos desde los colectivos y las redes de América Latina en todos los sentidos, estas prácticas procomunales pueden ir a algún lado.

Creo que falta el relato todavía. En España está funcionando ahora, después de 10 años de mucho trabajo, y no toda la población ni siquiera está dentro del relato del procomún – aunque es una buena parte de la sociedad, y lo está haciendo en España.

Pero yo creo que aunque en América Latina ha tenido experiencias muy ricas en prácticas commons, procomunales, colectivas, colaborativas, todavía falta un relato mitificante. Un relato documental primero, documentar qué está pasando, cuáles son las prácticas, qué vínculos existen con otros procesos globales, glocales, vecinales, etc.

Y luego generar un relato, y un relato ahí insisto en el cual podemos usar todas las estrategias del marketing de los gringos y también la ficción. Un relato de ficción.

Ahora, en el 15M de España, estamos pensando que nos falta un relato de ficción. Existe mucha documentación, muchas redes,  muchos artículos, está todo muy bien documentado, pero nos falta un relato del entusiasmo colectivo, que es lo que hicieron, por ejemplo, con el libro “Los Invisibles” en la Italia de la década de 1970: que para entender el movimiento comunista de los 70’ lees esa novela y punto. Entonces hay que generar relatos de ficción también.

Porque la ficción explica la realidad desde otra lógica, la complementa, y puede incluso generar una recursividad: de que empiecen a ocurrir acontecimientos y procesos colectivos. Yo creo que falta un relato.

Recientemente estuviste organizando un evento virtual-físico que se llamó P2P WikiSprint, ¿cómo esto se acopla o no a estos relatos de los que hablas?

Bernardo: Bueno, por haber estado circulando mucho por América Latina y concretamente por haber vivido bastante en Brasil. Que hay más puentes, pero como no hay el mismo idioma y eso, se está encontrando Brasil con América Latina y, al contrario, todavía falta un poco ese puente.

En mi caso en particular, por hablar los dos idiomas y circular mucho, sentí un poco un clima latinoamericano muy interesante al mismo tiempo de estar muy involucrado en el proceso de 15M e Indignados y ví que había una energía positiva con mucho entusiasmo en las dos direcciones y cuando Michel Bauwens me dijo: “Bernardo voy a montar en España un WikiSprint”.

Él me pidió ayuda y le dije: “No Michel, vamos a montarlo en toda América Latina”. En otras palabras: “olvídate de España. España está ahí, pero vamos a cruzar energías y proyectos, visiones”. Entonces surgió que yo me involucré no para hacer un mapeo de un día, sino para generar un proceso mayor, generar entusiasmo, generar un relato, generar conexiones que, afortunadamente pasó.

Mandé un mail inicial a 100 personas y, respondiendo positivamente todas, la propuesta fue creciendo, se creó una lista de correos, se generó una estrategia que ya es la estrategia de la WikiSprint de la Peer to Peer Foundation: reúnete en tu ciudad hiperlocalmente, dialoga con otros colectivos, mapea.

Lo que ocurre es que también generamos un proceso más P2P más de perder el control, más de empoderar, de construir un imaginario construir un marco ético muy dirigido como, por ejemplo, el software libre, que tiene cuatro libertados muy básicas y sobre ello remezclas e innovas.

El marco ético es importante, pues los criterios para entrar al WikiSprint son muy rígidos: con copyright no puedes entrar, con propiedad privada si no está orientada al commons tampoco. Entonces el proceso del WikiSprint se empoderó, y la gente hizo muchas cosas. Hubo muchos nodos, se generó una autonomía de nodos. E

n México fue una semana entera de seminarios, en el País Vasco montaron comics, en Buenos Aires animación, se hicieron muchas cosas diferentes y se dio total libertad. Libertad del tipo: “oye, yo pierdo el control”. Tenemos un marco ético estricto, se han generado plataformas de diálogo, una estrategia para visibilizar y generar entusiasmo también, conseguimos el sexto treding topic global de Twitter del día a nivel mundial, el sexto asunto más hablado del mundo ese día fue el WikiSprint y sobrevivió como proceso GlobalP2P que he compartido ahora la metodología como lo hicimos.

Se ha generado una visualización transnacional de Twitts muy interesantes, se generaron conexiones de proyectos hiperlocales, de proyectos internacionales de un país con otro, gente de Galicia trabajando con México, gente de Brasil trabajando con Barcelona. Se generó un entusiasmo y se generó una red, no llega al nivel de ser una comunidad cerrada con una pertenencia, como es una comunidad, sino que es una comunidad expandida, como una red, que comparte método, marco ético e información. Es un nuevo espacio de diálogo neutro y se ha generado también un nuevo camino de espacios híbridos, de espacios físicos con espacios virtuales, digamos que unidos.

Ya no existe una diferencia entre internet como sinónimo de virtualidad y de mundo no real, y mundo real como esto, entonces se han generado espacios. Hemos hecho un Hangout en la plataforma ThinkCommons con la que hicimos 14 horas de debates transnacionales durante toda la jornada.

Recientemente en un espacio físico, a partir de ahora vamos proyectando en pantallas de todo el mundo y con un público y comunidad local. Y eso puede ser un camino interesante: el de juntar espacios híbridos. Podemos hacer Hangouts y proyectarlos en tres ciudades latinoamericanas y el MediaLab Prado al mismo tiempo generando una sinergia glocal por un lado, e híbrida físico digital analógica por otro lado. Y surgieron varias ideas y procesos, como la campaña Iberoamérica Abierta, para perseguir a las personas influyentes en el commons y generar una incidencia político social.

Hay una idea de realizar hackatones para hacer la App del commons y del bien común en diferentes lugares geolocalizadamente, como por ejemplo aquí en Berlín donde están los commoners y en qué calles están. Y van a pasar cosas, pues se generó como un nuevo proceso.

¿Podrías darnos algunos ejemplos concretos de los impactos, de los resultados o acciones de esta red que se creó?

Bernardo: Bueno, hay un laboratorio en Buenos Aires que ha reforzado su colaboración con la iniciativa Focus. La Unicult de Brasil con Fora do Eixo se vinculó al proceso y ya está un poco enredada en procesos formativos también en esa dirección.

Yo comparto metodologías con varios procesos de estos procesos latinoamericanos, y una buena parte del proyecto Juntos, unos veinte colectivos y redes latinoamericanas, participó en el WikiSprint. En fin, se generaron bastantes cosas interesantes, como conexión de redes globales, 15M, Movimiento Occupy con los movimientos sociales de la cultura de Brasil.

Por ejemplo en la parte final del Hangout estaba #YoSoy132, 15M y Occupy Wall Street, y han estado muy interesados en la cultura de Brasil, que por primera vez estaba involucrado en este diálogo global. Todavía no sabemos bien, pero lo que sí se ha generado fue un imaginario potente.

¿Cuáles consideras que serían los retos, qué es lo que falta para que haya la incidencia más local?

Bernardo: Yo en realidad confío mucho en los procesos hiperlocales y pienso que vamos a reformular los Estados y el capital privado desde lo local.

Casi todas las experiencias que están ocurriendo al rededor de lo que podríamos llamar democracia en red democracia abierta desde lógicas de red y transparencia, como es el caso de Islandia, todas las plataformas participativas, como Better Reykiavick, todo está surgiendo de lo hiperlocal.

Por ejemplo, el asistente del commons del alcalde de Nápoles, es un ayuntamiento. Los casos más importantes de democracia participativa son Porto Alegre en el Río Grande do Sul y, ahora, Andalucía en España, en donde se aprueba la ley y han pedido formular un prototipo de participación digital al movimiento 15M. Eso es algo histórico y va a ser una región.

A nivel estatal es más complejo. Entonces, a lo mejor no están pasando tantas cosas a nivel hiperlocal, desde esta lógica de entusiasmo de narración global, pero porque primero hay que generar el relato y las conexiones.

Pero sí es verdad que habría que esforzarse en que todo este proceso global muy alucinante tenga una pierna en las ciudades, con prácticas del tipo: “Oye, vamos a montar un hackaton de verdad, en seis ciudades de América Latina, en Barcelona, en Nueva York: la app del bien. Vamos a montar la App del bien. Con un hackaton con hackers, vamos a comunicarlo, a hacer streamings comunicando todos los hackatones en tiempo real con hangout”.

Eso está en marcha. Eso puede pasar y va a pasar dentro del #GlobalP2P. Entonces sí que es verdad que deberíamos esforzarnos en lo que deberíamos llamar (bueno los estadounidenses le dicen meet up), tu site: que tu plataforma sea una caja de herramientas y que este salto de lo digital a lo analógico sea verdad. Se trata de dar facilidades, crear un encuentro en un café o en un parque de Sao Paulo y hacer las cosas.

Y hay muchos proyectos haciendo el salto de lo digital a lo analógico en todo el mundo. Eso me parece totalmente necesario, y fue un poco lo que pasó con el 15M. Toma la calle, no somos mercancía de los políticos y banqueros, eventos físicos en ciudades gestionados con lógicas de red y se ocuparon las plazas y parques y se generó un proceso en el espacio urbano. Se convirtió un espacio público en un espacio común, y se hizo en el espacio físico.

El 15M no habría existido sólo en las redes: fue una fusión de redes y calles y que hoy se ve que está muy vivo. Son cientos y miles de proyectos que tienen un pie en la calle. En Madrid ahora mismo acaban de hacer la Universidad de Puertas Abiertas: 500 catedráticos dando clases en los parques de la ciudad. Eso es maravilloso.

No había pasado nunca desde la república, desde los años 30, antes de la dictadura, y ahora con el vínculo de redes y calles ya no se hace una manifestación sólo, que también se hace, para manifestar a favor de la educación pública, sino que los catedráticos comparten conocimientos en los parques, con streamings, de activistas de 15M en tiempo real y gente de todo el mundo viéndolo.

Eso es lo interesante que está pasando en Madrid ahora: la ocupación del espacio público desde lógicas horizontales, desde lógicas del procomún, desde lógicas colaborativas y se está reformulando la política urbana y eso significa política, sociedad, tecnología, ecología, todo.

Y eso es incidencia política

Bernardo: Es incidencia política total. El último premio, el Golden Nica del Arts Electrónica de comunidades digitales, es para el Campo de la Cebada, que era un polideportivo abandonado en el centro de Madrid, que antes de la crisis lo tumbaron para construir otro más caro con lógicas absurdas y especulativas, de la precrisis,  y lo ocuparon.

Lo ocupó el movimiento 15M con los vecinos, se comenzó a hacer talleres y permacultura, se pusieron sillas con música para ser compartida, se hicieron muebles con copyleft, cine, música… se empezó a hacer una vida social comunal y autogestionada. El ayuntamiento dijo: “ok, no es ilegal, nos gusta lo que hacéis, por lo que este espacio gobernado P2P, por la comunidad, es lícito”, tanto que le han dado uno de los premios más prestigiosos de Europa de comunidades digitales, ni siquiera espacio público que también es muy interesante.

Como el espacio público y lo hiperlocal genera comunidad, alimenta la comunidad, alimenta al procomún y evidentemente porque tiene una herramienta digital  donde hay una vida también. Hay un otro caso muy interesante también, que es el Lavapiés en Madrid, que es una plaza que fue el primer espacio físico gestionado con un blog colectivo: Te estoy hablando de hace 10 años atrás.

Tiene una trayectoria y es increíble, yo lo conozco desde que nació: es un solar abandonado con parques de educación infantil, con un coreto cubierto y se empezó a gestionar desde un blog colectivo cuando no había redes sociales, cuando las redes no existían. Entonces existe este nuevo movimiento híbrido de ocupación del espacio público, que es fundamental. Para mi no nos podemos quedar en las redes sólo.

¿Y cómo ves este espacio de encuentro en la ECC?

Bernardo: Pues fíjate, me gusta este espacio donde estamos hablando, que es el fuera. Eso significa que en el espacio generado para el encuentro, hay un dentro demasiado grande y un afuera demasiado grande. Hay una institución y un muro, en el sentido de que no hay un diálogo con la ciudad, ni un diálogo con la comunidad o las posibles comunidades locales.

Es un espacio evidentemente de encuentro, de gente muy diferente desde lo intelectual al activismo; gente de muy diferentes países de todo el mundo. Y todos los posibles encuentros y congresos donde se pueda encontrar esta gente y generar una incidencia y un debate y unas conexiones está muy bien.

Sin embargo, yo creo que todavía es un viejo formato de muros, de reglas demasiado estrictas, pocos lugares de encuentro poca autonomía para generar encuentros y cosas al margen. El formato “un conference” se queda corto, no sólo en este evento, sino que en todos: “ah ¡la conferencia!” ¿Otra vez la conferencia? Que nadie te hace ni puto caso. Y bueno, eso. Creo que se requieren de más dinámicas, de más casos prácticos. Creo que se podría haber hecho de todo, desde Arduino a Procomunes urbanos o, incluso, hacer algo más interactivo, sobre tecnologías de cine, por ejemplo.

Y luego yo creo que el problema de los eventos, y no sólo de éste, sino que de todos, es, por un lado, que no consiguen convertirse en procesos. Ojalá que aquí salga una lista de correos con todos los participantes, porque son muy interesantes, y se genere un proceso. Y otro problema puede ser el de que no se convierta en un evento expandido, un evento expandido en la ciudad, en los parques. Y de hecho hubo una propuesta concreta que yo comenté con David y con Michel, de hacer un mapping the commons, de procomunes urbanos en la ciudad. La respuesta fue un poco como “no… no podemos salir del evento”, y un argumento en contra era el de que no tenemos una comunidad en Berlín…

No es que tengamos mucha gente en Alemania y son muy internaciones, pero bueno… Ahí se puede ayudar a generar un espacio para que se cree. Imagínate todo los hackers de Berlín desnudos generando comunidad. Divino. Pues no (risas de todos).
Y dos cosas para acabar: no está presente la perspectiva de América Latina desde las tradiciones indígenas, las tradiciones latinoamericanas, aunque la representación de estos países es amplia. Y tampoco está presente la GlobalRevolution.

He estado con Orsan, Turco, que estamos en un montón de listas de Ocuppy, y nos hemos dicho: “hombre, ¡por fin!” Y estamos los dos… bueno, ¿y por qué no nos han dejado espacio? Hemos explicado lo que está pasando, los prototipos reales de lo colectivo que se están tejiendo desde la revolución global, que no deja de ser un imaginario desde el Sur también y no ha habido mucho espacio para eso.

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