La cultura de los bienes comunes es una cultura viva

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Dialogamos con ella acerca de los comunes en México DF.

¿Cómo abordan el trabajo con los comunes?

Yo, como probablemente miles de activistas en el mundo, me acerqué al tema de los comunes gracias a la lucha del pueblo boliviano para defender el agua que adquirió mucha mayor visibilidad en el año 2000, a raíz de la Guerra del Agua de Cochabamba. (Esta guerra) tuvo como protagonistas en ese momento no solamente a los usuarios urbanos del servicio, sino básicamente a los indígenas campesinos regantes agricultores, que a raíz del contrato que se había hecho en Bolivia con la empresa Bechtel, una empresa norteamericana de servicios, se aprobó una ley, un decreto que otorgaba los derechos de los usos de las fuentes de agua para el riego a la empresa, y eso generó un conflicto nacional. Porque los regantes, que son una organización nacional representativa de alrededor de cinco mil sistemas de riego en el país, iniciaron movilizaciones y cuestionamientos al contrato añadiendo que la respuesta del pueblo cochabambino no era solamente por el tema del alza tarifaria, sino por el derecho de uso de agua, y específicamente el derecho del uso del agua como un bien común.

Entonces, es a partir de allí que nosotros empezamos a reflexionar y reconocer esta organización que, si bien estaba ahí presente, no tenía el protagonismo que adquirió desde ese momento, dándonos además muchísimas lecciones y enseñanzas de cómo se gestiona un bien común. Esta es una organización nacional que está al interior de la mayoría de las organizaciones campesinas, indígenas y de agricultores, es una organización que está al interior de los diferentes sindicatos, y que tiene una estructura jerárquica: ellos eligen sus autoridades, y sus autoridades están encargadas de vigilar el buen uso, solidario y comunitario, del agua. Entonces realmente para nosotros ha sido un aprendizaje muy importante. Y además ganaron.

Es decir, que en esta lucha lo importante de todo ello fue que ganaron y ganamos, porque lograron a través de su presencia en la ciudad, de su movilización y decir una cosa que era básicamente de sentido común pero que la habíamos olvidado, que era decirnos que “el agua es vida”. Y el agua tiene que ser usada y gestionada socialmente. Eran dos principios que ellos colocaron en la lucha, movilizada en las calles, que tras casi una década o más de neoliberalismo la sociedad boliviana había olvidado. Y éste su triunfo se convirtió también en una especie de impulso o altavoz para que no solamente en todo Bolivia se conociera esta lucha y estos valores sino también a nivel de las redes globales y en diferentes regiones y continentes.

Estos contenidos de la lucha se trasladaron luego al proceso nacional boliviano de construcción de la constitución. Pero no sólo eso, inclusive inspiró esta lucha un proceso de consulta, de referendum que se hizo en Uruguay, en el año 2004, y que les permitió a los uruguayos incorporar en su propia constitución el concepto de que el agua es un derecho humano, cosa que desde el activismo se tardaba décadas en incorporar en el sistema multilateral, sino también evitar, prohibir que cualquier coorporación internacional o privada, pueda enjuiciar al estado por alguna política pública que afecte a los intereses coorporativos. Y eso era para nosotros realmente una cosa de una magnitud y una trascendencia importantísima, porque aquello que era más o menos sentido común, empezaba a adquirir un perfil estatal, un perfil de gobernabilidad un poco más allá de la gestión local.

Eso también se trasladó a lo que fueron los debates constitucionales y, finalmente, derivaron en varios principios que están ahora asentados en nuestra constitución, que es que el agua es un derecho humano, es un derecho fundamentalísimo para la vida, etc., etc. Y de ahí también que toda esta narrativa ha alimentado la narrativa nacional y la posición nacional en torno a lo que podrían ser los derechos de la madre tierra, que es algo que se está empezando a discutir en nuestro país. Al mismo tiempo, todo este proceso nos ha generado un montón de reflexiones porque la situación boliviana es una situación paradojal donde lo que hemos levantado y construido como narrativa progresiva en torno a los bienes comunes y a la gestión comunitaria, empieza a encontrar una serie de contradicciones. Una de ellas es principalmente la fuerza del sistema -el sistema es muy fuerte; y la otra contradicción son las propias debilidades de las corrientes de izquierdas, pues creo que no tenemos muy reflexionados los temas del poder, de la gestión, de las fronteras que debemos construir o hacer respetar cuando tenemos logros locales tan imporantes y de tanta trascendencia.

¿Qué sentís que te llevás de éste espacio de reflexión?

Bueno, para mi este taller que se ha hecho en torno a los bienes comunes realmente ha sido una experiencia muy muy importante, un aprendizaje, de construcción comunitaria de un concepto, pero también de pensar el cómo. Creo que realmente han sido 3 días de una reflexión muy profunda. En lo particular me ha permitido dar una relectura a toda esa experiencia de más o menos diez años de activismo en torno a un bien común como es el agua, de esa construcción cotidiana, y la grata constatación de que eso no es un proceso individual, no es un proceso ni siquiera local, es un proceso global. El tema de la reflexión y construcción de los comunes, de la gestión del bien común, una nueva contracultura que realmente de contraponga ante esa cultura que quiere ser dominante, de la privatización, del egoismo, del cálculo, está creciendo y va adquiriendo además procesos muy ricos que se han visto en estos días. Esta tensión entre la construcción del concepto, la construcción mas teórica, y al mismo tiempo la búsqueda del cómo, la búsqueda de las estrategias, de cuáles son las cosas que ya están incorporadas en nuestras prácticas y que de alguna manera se pueden fortalecer y construir en la unidad, en la empatía que vamos comstuyendo, yo creo que gran parte del fortalecimiento y el éxito de la cultura de los bienes comunes, está en poder lograr una empatía entre quiénes estamos en esas búsquedas, pero por otro lado, también en poder aplicar en nuestra práctica esa búsqueda incesante de coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Y ese es un aprendizaje que desde Bolivia es muy doloroso. Pero al mismo tiempo es un aprendizaje que nos va a permitir encontrar muchas más claves en este camino de buscar el bien común.

¿Cuál crees que ha sido el aporte que has hecho a esta construcción?

Si en algo he aportado, probablemente es en mostrar que en mi país, la lucha que llevamos no es una lucha inventada, no es una lucha ideologizada, es una lucha y es un activismo que está muy vinculado a la realidad, a gente de carne y hueso, a gente que en diferentes espacios ya sea en la agricultura o las mujeres en los mercados, o los productores de cultura, están realizando cotidianamente. Yo creo que de alguna manera he traído esos aires como una constatación más de que el tema de la cultura de los bienes comunes es una cultura viva, es parte del tejido social.

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