La complejidad de la participación ciudadana en la re-construcción de los comunes

Pillku.org

Pillku: Rubén, cuéntanos cómo te has sumado al debate y a las prácticas de los comunes.
Rubén Martínez: He llegado a los commons por varias vías que se han ido juntando bajo ese paraguas, bajo ese concepto. Por un lado, con el Observatorio Metropolitano de Barcelona www.stupidcity.net, un espacio colectivo donde llevamos a cabo una práctica más política de investigación, fuera del ámbito puramente universitario institucional. Ahora mismo estamos intentando desarrollar una investigación sobre “comunes urbanos” con más gente del ámbito de Barcelona.

El Observatorio forma parte de la “Fundación de los Comunes”, formada por diferentes nodos a nivel estatal. En la Fundación el tema de los commons ha tomado cierta centralidad en los procesos de investigación, de autoformación, en proyectos editoriales que forman parte (como la Editorial Traficantes de Sueños www.traficantes.net).

Ha sido un concepto, un ámbito de trabajo que nosotros tomamos como hipótesis política para entender la coyuntura en la que estamos, y relacionarlo no sólo con otros espacios territoriales, sino con otros momentos históricos. Los commons nos sirven, en primer lugar, para pensar la historia, para entender cómo ha ido funcionando un régimen de gobierno y de explotación de la producción colectiva a nivel histórico y, en segundo lugar, para relacionarlo con lo que ha ocurrido o está ocurriendo en otros territorios.

Por otro lado, durante mucho tiempo estuve trabajando más en el ámbito de la cultura, y claro, ahí ha habido un proceso muy fuerte del movimiento de la cultura libre, entendida ésta como una forma de generar ciertos protocolos para que la producción que se genera colectivamente pueda recaer en esa propia comunidad o ser replicada en otros ámbitos que no sea el del autor tradicional. Entonces digamos que estos dos mundos, el de la cultura libre y el de la investigación militante, han estado presentes en mi trayectoria, sumado a mucha más gentes que se han ido uniendo a través de ese concepto de los commons.

Y desde la organización en la que trabajas ahora, ¿podrías compartirnos qué están haciendo en el aspecto de los commons?
RM: Pues ahora estoy en dos ámbitos. Uno universitario, en el IGOP (Instituto de Gobierno y Políticas Públicas) que forma parte de la Universidad Autónoma de Barcelona. Y en el IGOP, trabajamos en dos ámbitos sobre todo relacionados con los commons, uno que se enfoca más sobre tecnopolítica, es decir cómo la acción colectiva en la red genera espacios de resistencia, autonomía y de producción de recursos comunitarios o en dominio público, y por otro lado, otra línea dentro del IGOP que se enfoca más en la innovación social, concepto que se relaciona con los servicios, procesos o proyectos que responden de manera más efectiva que Estado o mercado a demandas sociales.

En concreto, analizamos las políticas públicas basadas en la innovación social que se están haciendo a nivel europeo, que bajo mi punto de vista tienen un peligro: la gestión comunitaria se está viendo como un arreglo o una solución a la crisis. Una especie de responsabilización de la propia ciudadanía, respecto a los desfases, los desequilibrios que han producido una mala gestión o un régimen donde Estado y mercado capitalista estaban en plena alianza.

Eso en el ámbito universitario. Y en el ámbito más de la investigación autónoma o política, como decía antes, en el Observatorio trabajamos más en la noción de los comunes urbanos en Barcelona. Los “comunes urbanos” provienen, entre otros autores, del geógrafo David Harvey, y se relaciona con procesos que se están dando de manera localizada, a nivel de barrio, a través de objetivos muy concretos que tienen que ver con el acceso a suministros, el derecho a la vivienda, la gestión de infraestructura de base comunitaria, centros sociales, patrimonio, o acceso al conocimiento o a la educación, etc. Todo eso, de alguna manera se puede entender desde el frame, desde esta panorámica de los comunes urbanos.

Es decir, que todas estas prácticas que se dan de manera localizada pueden expresar un modelo social de ciudad basada en los comunes urbanos entendidos como derecho a la ciudad. El nuevo derecho a la ciudad se va a entender desde esta gestión comunitaria de procesos que tanto apelan a aquello que ya se había conquistado (a derechos sociales elementales para hacer la vida vivible) como a procesos en acción, de gestión de infraestructuras, de gestión de acceso a suministros, de cooperativas de finanzas, energéticas, etc.

Se trata de vincular los derechos de cuales que hemos sido desposeídos, lo que absorbió el Estado del gobierno local como derechos sociales, con aquellas prácticas políticas que se están dando ahora en este nuevo movimiento político que se ha dado en los últimos años en España y en Barcelona.

Hace rato, en la reunión, habías compartido algo importante: la forma en que los commons, más que un planteamiento hacia el futuro, más que una utopía, podría convertirse en una estrategia de apropiación ciudadana de los espacios públicos, y de lo público en contraposición con lo privado. ¿Podrías desarrollar un poco más esa idea?
RM: Cuando hablamos de comunes o de los commons, lo hablamos en diferentes estratos. Es decir, tanto tiene que ver con la gestión de infraestructuras, con una materialidad, una concreción que se puede dar en un territorio muy específico, pero también con una cultura productiva.

Esto es como cuando se habla del proceso fundacional del capitalismo, la acumulación originaria, donde en el fondo no sólo se habla de la separación de los productores de sus medios de producción -que evidentemente que sí, sino que además de esa sustracción material, una materialidad concreta que hacía posible la subsistencia, también se habla de unas formas de sobrevivir a través de la relación con un territorio, de una forma de cooperación, de una forma de acción colectiva, etc.

Es decir, con los commons también hablamos del gobierno e invisibilización de una cultura productiva concreta, que se basaba en que esas comunidades, de manera cooperativa, podían acceder a recursos y redistribuir la riqueza que producían esos recursos.

Entonces la cuestión es hablar de los commons como hipótesis política, una estrategia que tanto tiene que ver con lo que se hace como con lo que virtualmente se puede hacer, no tanto como una solución que ya se da en algunos sitios y de los que hay que aprender como si fueran modelos de éxito.

Creo que se trata de pensar ambos frames a la vez: esa cultura productiva que se basa en una colectividad, gestión, producción y redistribución de las riquezas que se produce un territorio a través del trabajo colectivo.

Y también evidentemente en acciones o en procesos de gestión o en procesos de conquista que se pueden dar en un territorio, en una ciudad en un contexto metropolitano como Barcelona en la cual una asociación de vecinos o un grupo de arquitectura independiente, por ejemplo, accede a un espacio, lo ocupa o establece una tensión con lo público hasta que le ceden ese territorio y lo gestiona (como ha ocurrido en Can Batlló, en el barrio de Labordeta de Sants).

Eso es lo que comentaba antes: los commons como estrategia nos une a una cultura que ya existe en el territorio en el que estás, te une a la historia muchas veces borrada del territorio en el cual ocurren este tipo de procesos que parece que se dan al margen o de manera espontánea, pero que se une en ese rumbo histórico que muchas veces ha sido invisibilizado, cuando no aniquilado violentamente.

Este rumbo histórico se une con el presente, con lo que hoy está ocurriendo, un momento en el cual la gente reivindica los derechos de los que ha sido desposeída, reivindica una forma más transparente y cooperativa de gestionar cuestiones como la energía, las infraestructuras o, sin ir más lejos, el trabajo o todo recurso que se sostiene bajo una base social y comunitaria.

Así que cuando decimos pensar los comunes como hipótesis política, esto tiene que ver no tanto con detectar o hacer un decálogo de las buenas prácticas comunales que hay, sino conectar con esas reivindicaciones históricas. Se trata de pensar que en la base en la cual estás, en el suelo que estás pisando, en la metrópolis en la cual vives, ya han existido históricamente procesos de gestión comunal.

Y lo que se está haciendo no es tanto inventar o encontrar una solución posible a como gestionar el conjunto de la metrópolis, sino volver a revivir esa cultura productiva que había sido invisibilizada y, de hecho, devastada de manera violenta durante otro momento histórico, mismo cambio de ciclo en el cual probablemente estamos ahora.

Así que partes del hecho de que las experiencias comunitarias de gestión de los commons, de gestión común, ya existían antes de que se lanzara el concepto de commons o de bienes comunes.
RM: ¡Exacto! De hecho eso también ocurre en la cultura libre y el software libre. El Software ya se producía colaborativamente y fuera del espacio asalariado de trabajo, pero se empezó a reivindicar el software libre cuando aparecieron protocolos legales para privatizar esa producción.

Claro, eso ya existía, y en los últimos ocho u nueve años surge el concepto y la teoría de los commons, y la percibimos como si fuera el “boom” y que se reivindica como nuevo paradigma. ¿Cómo percibes entonces ese planteamiento, tomando en cuenta de que la gestión comunitaria de los comunes es una experiencia que ya existía, y que fue borrada debido a los intereses dominantes? ¿Cómo relacionas esta propuesta teórica y paradigmática de los commons con lo que nos acabas de compartir?
RM: Entender lo que ocurre en cualquier territorio, el modelo social en el cual uno vive así como las formas de gobierno realmente existentes en ese territorio, es una tarea muy compleja. Y más si uno no hace un análisis de cómo ese régimen se ha instalado a nivel geográfico, de cómo espacialmente se concreta donde tu estás tomando en cuenta todo el proceso global en el cual ese contexto local es un encaje más, una pieza más. Y, además, hay que comprender y analizar cómo se ha desarrollado ese modelo históricamente.

Entonces ambas variables, la espacial y la temporal, son fundamentales para entender el presente. Acudir a la historia no es tanto una cuestión de nostalgia, de decir “oh aquellas formas de gestión comunal”, sino que es necesario para entender un régimen de gobierno concreto. Si no haces esa mirada temporal-espacial, de ver cómo se ha configurado dentro de un engranaje mucho más grande el territorio en el que tu estás y de cómo han habido otros ciclos, luchas y conquistas que explican el presente, es difícil que entiendas el verdadero poder que tienes delante.

Insisto: los commons no son una cosa nueva y el cambio de ciclo o el cambio de época en el que estamos, tampoco. Sin esa perspectiva podemos caer en varias cosas:
1) Que es algo muy novedoso y que las últimas prácticas que aparecen ahí tienen mucho que contarnos -que no digo que no, que probablemente tenga sus singularidades, pero tienen tanto que contarnos como las pasadas;

2) Que lo que muy difícilmente vamos a ver es este cambio de ciclo, que ya se ha dado otras veces y no ha salido del todo bien, es decir que ese cambio de época, esa ilusión sobre los comunes, pues a lo mejor ya se tuvo en otros momentos, y la capacidad de absorción del régimen capitalista no hizo más que reinventarse gracias a él.

3) Que podemos caer en esa especie de atracción, digamos utópica, donde todo está cambiando a nivel global, pero no sabemos muy bien por qué, o esa abstracción hiperlocal, de: “mira el ejemplo de esta cooperativa que no se dónde está exactamente ni se las singularidades históricas que tiene pero ha funcionado y vamos a replicarla”. Esto solo nos lleva a momentos celebratorios, momentos de alegría, momentos de utopía, pero políticamente poco efectivos.

Habías mencionado cómo los gobiernos o algunos Estados están utilizando el tema de los commons un poco como que para “lavarse las manos” de los problemas que no pueden resolver, y que la sociedad civil está asumiendo este compromiso, es decir, el compromiso del gobierno de garantizar los derechos y los comunes. Me gustaría que comentaras un poco más sobre eso.
RM: Pondré un ejemplo que conozco bien: si miramos las décadas de 1990 y 2000, vemos que el nuevo cambio de modelo de desarrollo económico en Europa dependía mucho de la innovación tecnológica. Es decir, Europa se veía atrás en la lucha por la innovación tecnológica dentro de ese triángulo de potencias económicas a nivel global –la economía americana, la asiática, la europea–.

En 1990-2000, fue un momento de impulso de la agenda europea de esta idea de innovación. Pero claro, dicho rápido y de manera así un poco impresionista, la innovación tecnológica necesita una inversión muy fuerte en capital fijo en tecnologías y en esa formación necesaria, esa cualificación necesaria para llevarla a cabo etc. etc.

Si analizamos las políticas de innovación en la agenda europea que han sido las más importantes a nivel de desarrollo económico, en donde más se ha invertido, en donde más discurso se ha producido, vemos que los últimos 8 ó 9 años, coincidiendo con la crisis económica o con la asunción de que había una crisis económica, la innovación ya no se habla en términos de tecnologías, sino en término de “innovación social”.

Esto quiere decir que, si partimos de la idea de que el mercado y el Estado no pueden responder a ciertas demandas sociales y que la innovación social va a resolverlas, quiere decir que la responsabilidad cae sobre la ciudadanía.

Si hablamos de innovación social y no tecnológica, quiere decir que la inversión para generar esos cambios por parte de las instituciones estatales va a ser menor porque la innovación social ya surge espontáneamente a través del trabajo comunitario, voluntario, de autoayuda de las propias comunidades. Y si hablamos de innovación social, además, nos ahorramos tener que hablar de cuál es el papel de lo público hoy.

El papel de lo público hoy es entonces el de fomentar la innovación social, ¡ah pero yo pensaba que el papel de lo público estatal era el control, la regulación, el responder a las demandas de aquel pueblo que te ha votado, y sobre todo a la redistribución, en generar derechos para que la vida sea vivible para aquellas personas que no tienen acceso a recursos o que no tienen acceso a educación, o no tienen acceso a sanidad, etc.!

Todo ese debate sobre cuál es la función de lo público se desplaza actualmente con esta cuestión de la innovación social. Entonces vemos como hay un proceso bastante inteligente en el fondo, pero muy maquiavélico, de apelar a la propia capacidad de las comunidades, a la propia capacidad de la producción social, a la propia capacidad de la ayuda mutua, para resolver aquello que hacía lo público, sin cuestionar que lo público tenga que seguir existiendo de la misma manera.

Y este es sólo un ejemplo, habría muchos más, pero fomentar la “innovación social” desplaza pensar la función de “lo público” y delegarlo a la gestión comunitaria, a los procesos de cooperación ciudadana, etc. Eso sí, sin cambiar condiciones estructurales ni cambiar las relaciones de poder y delimitando la capacidad de toma de decisiones o de acción de esas comunidades.

A mí esa innovación social me parece una estafa. En el fondo, es una forma de no atender a las injusticias, a los desarreglos, al cambio estructural necesario para hacer realmente un mundo socialmente más justo. En el fondo, es dar por bueno el régimen capitalista a la vez que instrumentalizas el trabajo comunitario.

¿Y la ciudadanía europea está consciente de eso, es decir, del debilitamiento del Estado y su actual impotencia o incapacidad de cumplir sus obligaciones legales jurídicamente reglamentadas, constitucionalmente definidas, de garantizar el bien público? ¿Cuál es la opinión de las organizaciones sociales ante esta situación?
RM: Hay muchas visiones y críticas que se hacen sobre cómo se asume ese discurso. Pero si ponemos el discurso oficial y el contradiscurso y la acción que pueda surgir frente a esto, podemos pensarlo así: cuando se habla de innovación social o de apelar a la gestión comunitaria -como forma de solución a aquellos servicios de asistencia que el Estado ya no puede proporcionar porque está en crisis no hay liquidez etc., se habla mucho en esa misma onda del emprendedor social.

El emprendedor social en el fondo es ese sujeto económico que en vez de ver la falta de asistencia a lo público, ve un nicho de mercado y ahí instala servicios, productos, con un valor social que, en el fondo, muchas veces se va a beneficiar de un trabajo previamente comunitario.

Como cualquier empresa capitalista, se va a beneficiar de una base de producción social y de esa capacidad relacional propia del cuerpo social. Ese sujeto económico (emprendedor) explota recursos a bajo coste y, además, extrae renta. Nada nuevo: trabajo para todos, rentas sólo para algunos.

Esto además es un arreglo para la crisis del trabajo, donde en lugar de plantearse que hay un fallo estructural de fondo pensando en el trabajo como forma de subsistencia, se fomentan políticas de autoempleo.

Recordemos que en España hay seis millones de desempleados y no saben qué políticas laborales pueden resolver eso. Por lo tanto, si tu fomentas la figura de “el emprendedor social que lleve a cabo este vacío asistencial de lo público”, y además incrementas el índice de ocupación laboral debido a que se hace autónomo, es matar dos pájaros de un tiro sin plantearse, de nuevo, cambios estructurales.

No se piensa que es el sistema lo que falla, sino que se introducen arreglos basados en responsabilizar a la ciudadanía, una especie de “incrementalismo liberal” de condenada malicia.

Pero sí existe un contradiscurso. Es el que ve que el Estado ha entrado en crisis, y las instituciones han entrado en crisis, y ahora es cuando desde diferentes espacios de autonomía, los movimientos sociales hablan de proceso constituyente.

Es decir, en el fondo, hablar de proceso constituyente es ir a la médula del asunto: lo que queremos es redefinir aquella institución a la cual habíamos delegado poder para que hiciera esas tareas de acceso, control, regulación y redistribución y era el custodio de los derechos que habíamos conquistado colectivamente.

Al parecer esta institución ya no se cree el custodio, sino que se cree el propietario de los derechos, y los está vendiendo. Por lo tanto, lo que queremos es un nuevo proceso constituyente, un nuevo suelo de leyes, derechos y formas de control y regulación que permitan hacer la vida vivible.

Y evidentemente, hay actos de desobediencia, redes conectadas (analógicas o digitales) que lo que hacen es intentar generar procesos de innovación social basados en la desobediencia. Vamos, que “la innovación” no vendrá porque se crea un producto nuevo o un servicio nuevo en el mercado, sino que la innovación va a venir porque vamos a desobedecer y porque queremos producir cambios en las relaciones sociales y de poder.

Tendríamos, por un lado, la innovación social como mercado, con sus emprendedores sociales, etc. y, por otro lado, la innovación social como proceso constituyente y como desobediencia para el cambio en las relaciones de poder.

Yo creo que no es una batalla entre una clase y otra, ni es un modelo puro dónde vemos un discurso y otro, pero es ahí donde está realmente la lucha actual y el futuro, sobre todo a nivel de formas de gobierno, o de autogobierno.

Va a venir de ahí, de hasta qué punto uno cree, primero, que debe renunciar a instituciones a las cuales delega poder para que puedan representar esos derechos, y segundo, aquellos que ven que puede haber ciertos arreglos en los cuales ciertos sujetos heroicos van a ser los que solucionen los ademanes y la catástrofe que hay ahora mismo a nivel de acceso a recursos elementales para la vida, a sanidad, a educación, vivienda, etc.

En definitiva, el discurso del emprendedor se basa en modelos de éxito, en narrativas lumínicas de: “mira lo que está haciendo este tío y cómo se gana la vida y, además, hace un servicio social”. Pero esa figura del emprendedor ni atiende ni entiende la coyuntura donde lo público está desecho, las instituciones están desechas y donde, en fin, los derechos no son nichos de mercado.

Cómo has percibido el espacio de este encuentro en la Conferencia, los aciertos, las lagunas…
RM: De entrada, la propuesta y el trabajo que lleva Commons Strategies Group, lo que llevan entre manos Silke, Bollier, Bauwens, es interesante porque difícilmente podríamos conocer a toda esta gente y experiencias si no fuera porque hay alguien montando esta agenda, reuniendo a todo este personal y haciendo todo esto. Por los propios medios de cada uno sería muy difícil. Ese mapeo y la necesidad de montar un espacio de socialización está muy bien.

Al lado de eso, lo que a mí me preocupa con la cuestión de los commons, por decirlo rápido, es esta cuestión más celebratoria, de: “¡mira estas experiencias que se están llevando a cabo!”. Lo que hemos visto durante muchas sesiones ha sido un decálogo de casos de éxito: “!mira lo que se está haciendo aquí, mira lo que se está haciendo allá¡”.

No digo que sea inútil, pero sí hecho en falta un análisis más de fondo, que relacione lo micro con lo macro; hecho en falta una mirada más compleja sobre cómo actúa lo público en diferentes lugares, como actúa lo privado en diferentes lugares, es decir, cómo aterriza el actual Estado y mercado capitalista en cada contexto, qué efecto real tienen ahí los commons.

Por lo general, parece todo muy abstracto. No es lo mismo hablar del Estado español o el Estado alemán o de “un Estado cualquiera”. Creo que es pertinente ver cómo aterrizan eso en cada uno de los contextos y en el fondo hacer un análisis, como decía, histórico y espacial. En fin, que hay que conocer bien al enemigo, entender cómo se ha construido ese nivel de arquitectura donde se establecen formas de dominación, de explotación y de mercantilización.

Creo que está bien enunciarlo, decir que existe algo que se llama capitalismo, que existe algo que se llama cercamiento, que existe algo que se llama NAFTA… Pero si no comprendemos bien como se estructura eso a nivel global, y a nivel territorial y a nivel temporal, es complicado. Esto es un trabajo arduo, complicado, pero yo, lo que hecho en falta en la cuestión de los commons es precisamente es ese tipo de análisis. Conozco poco, poca literatura o pocos trabajos con ese análisis.

Hay que asumir que es complejo, que la cuestión de los commons no es una solución, no es una utopía y que muchas veces se va a dar en condiciones de extrema complejidad en lo cual lo público, lo privado, lo común van a estar articulados. Y que lo común y las comunidades, y las formas de gestión comunitaria también tienen sus problemas, muchas veces son excluyentes, opresivas, patriarcales, etc. Por eso es mejor conocer lo que ha ocurrido y porque ha ocurrido de tal o cual forma.

Para mí, la idea del solucionismo, de los modelos de éxito, de momentos colectivos celebratorios, están bien, siempre y cuando estén unidos al análisis de la realidad existente, pues si no es así, uno pierde el norte. O, más bien, pierde el Sur.

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