Educación Abierta: el desafío de la generación de conocimiento como proceso

Daniel Cotillas

Hoy, gracias a Internet, podemos acceder libremente a una innumerable cantidad de información científica, pedagógica, lúdica y cultural. Dicho esto parecería que la cuestión es más que sencilla, incluso simple: al estar interconectados a través de la web podemos enriquecernos mutuamente compartiendo nuestros saberes y haceres, sin posibilidad alguna de que esto no sea de otra forma.

La realidad de los intereses comerciales y gubernamentales de algunos países nos demuestra que es más complicado el asunto. El lobby de derechos de autor, la propiedad intelectual, las leyes que buscan el cercenamiento al acceso libre a otra información política1 y la invisibilización de otras miradas sobre el acontecer social y represivo de algunos estados, nos colocan a aquellos que trabajamos desde la trinchera digital del acceso libre, en una situación de constante reflexión sobre los modos y modelos de acción.

Tanto la ciencia como la educación sólo van a poder seguir desarrollándose en la medida que la ciudadanía se haga consciente de la importancia de tener acceso libre y abierto a la información que generan, tanto los espacios académicos y científicos, como las plataformas comunitarias que hoy tienen mayor posibilidad de compartir sus saberes.

Y aún así, hay una perspectiva de gran importancia que no podemos olvidar, ya que la información en un formato bruto puede ser de gran valor (como la manida analogía del diamante), y es que sin los procesos de aprendizaje compartidos, la información puede quedarse en la mera anécdota de tener más megas en .pdf para alimentar nuestro síndrome de Diógenes digital de lo que podrías leer en varias vidas. ¿Cómo hacemos entonces para encontrar la información que necesitamos? ¿Cómo generamos una acción directa sobre la información y no sólo un deseo al acceso? Antes de exponer algunas experiencias, una cosa tiene que quedar clara: sin acceso abierto, no hay desarrollo formativo.

Tanto la ciencia como la educación sólo van a poder seguir desarrollándose en la medida que la ciudadanía se haga consciente de la importancia de tener acceso libre y abierto a la información que generan.

En los últimos años, en Cochabamba (Bolivia), venimos trabajando desde una perspectiva de comunicación abierta intentando que esto comprenda tanto el acceso como la puesta en juego de la información. Si nos entendemos en proceso, entonces nuestros espacios educativos no pueden reflejar los modelos arcaicos de la escuela tradicional. Estamos en lo bueno y en lo malo, ante un gran cajón de sastre que es Internet, con sus espacios cerrados y moldeados de antemano (como los modelos de libros de caras), pero también ante nuevas posibilidades de relacionamiento y empatía (como GNU social).

Muchas veces nos vemos en la tesitura de emprender procesos de formación en comunicación y acceso a la red, ya sea para conocimiento de ésta o para poder utilizarla para los fines que cada uno pueda desear. En estos procesos, algo que vivimos cotidianamente, es el esfuerzo individual por plantear un discurso: “no uses tal programa que te roba la libertad”, “no entres en este sitio que te pueden espiar”. Y así con otros muchos que, si bien buscan explicar las implicaciones que tiene una u otra plataforma, generan desconfianza de inmediato con el interlocutor. El encontrarnos en una disputa que va más allá de la estética impuesta por plataformas que nos alejan de una mayor libertad, que aqueja a las mismas bases políticas y éticas heredadas de modelos obsoletos, nos hace replantearnos constantemente cómo afrontamos el discurso. Ya sea en festivales de software libre o en encuentros de radios comunitarias, el fantasma que recorre las mesas de debate suele ser recurrente: ¿cómo logramos conectar con una ciudadanía que no escucha nuestro mensaje de libertad?. Re-leamos esta pregunta hasta que encontremos la sútil y brusca paradoja.

¿Cómo logramos conectar con una ciudadanía que no escucha nuestro mensaje de libertad?

En cualquier proceso, intuimos cuándo dio inicio, pero no sabemos cuándo acabará ni pretendemos que así sea. Por ello, los siguientes ejemplos son fruto del deseo de emprender una mirada crítica tanto a los modelos educativos tradicionales como a la necesaria accesibilidad a la información con la que moldearnos.

“Toma el micrófono y cuéntame qué ves”

¿Qué puede ocurrir cuando a las niñas y niños de tu barrio les pasas una cámara de fotos, una reportera y la posibilidad de preguntar a las vecinas y vecinos aquello que se les ocurra y que luego lo compartan con sus pares en otros barrios del continente?

Con esta pregunta partimos algunos espacios que trabajan la comunicación como proceso en el continente: el proyecto mARTadero de Cochabamba, la Corporación Cultural Nuestra Gente de Medellín, y la Red Tz´ikin de Guatemala. La importancia del acceso a los recursos no es tan importante como el hecho de tener ante sí (a una edad donde el sistema educativo de cualquier país te dice que tienes que escuchar y callar) la posibilidad de decir, hablar, proponer, en definitiva: ser uno mismo desde el accionar abierto.

En el caso específico de Cochabamba, se conformó el Colectivo de Comunicaciones de Villa Coronilla, un espacio de intercambio de opiniones, de disputa de los paradigmas tradicionales (los niños quieren hacer películas de peleas y las niñas historias de amor de vampiros), de creación sin más guía que la provocación constante a leer eso que hace que su realidad sea como es. ¿Qué nos permite internet? Conectarnos, intercambiar miradas, saber que hay otras personas al otro lado de la pantalla. Y además, saber que en la red podría encontrar mucha más información para seguir aprendiendo sobre fotografía, uso del micrófono, entrevistas. Esto, sin una neutralidad en la red, o sin la previa incitación al deseo de adquirir otros conocimientos, no estaría siendo posible.

La Red con perspectiva de género

La pregunta más común cuando da inicio una formación de comunicación por internet o nuevos medios es: ¿cómo puedo hacer para que mis publicaciones lleguen a la mayor cantidad de gente? Aquí nos encontramos con uno de los hitos (o mitos) que más potencian las redes, y es una supuesta globalidad instantánea de aquello que publicamos en cualquier espacio. Entender la configuración tecnopolítica de la red pasa, precisamente, por saber que la viralidad de nuestras comunicaciones a nivel global tendría que pasar de una u otra forma por procesos comerciales de posicionamiento de éstas.

En este sentido, no tendrá tanto alcance lo masivo, sino lo constante. Y bajo esta premisa es que las personas que forman parte del grupo de Activismo de las Heroínas va, poco a poco, planteándose y resignificando los preconceptos sobre uso o redes o la misma idea de activismo que tenían al inicio. Un espacio educativo apoyado sobre lo análogo y lo digital, que es la única forma en que podemos encontrar cierta estabilidad. Una discusión abierta y transnacional con listas de correo, espacios de construcción colectiva (pads, wikis,…), aprendizaje colaborativo de herramientas de diseño y edición, etc. Todo ello para hacer un uso feminista de la red porque ¿acaso se puede? Bueno, ahí está el asunto, no será sobre el papel que podremos saberlo, sino desde el proceso abierto de aprendizajes puestos en común, donde el facilitador aprende y la mayoría de las veces las alumnas, enseñan.

Entender la configuración tecnopolítica de la red pasa, precisamente, por saber que la viralidad de nuestras comunicaciones a nivel global tendría que pasar de una u otra forma por procesos comerciales de posicionamiento de éstas.

Creemos un barrio, pero uno sin límites

De nuevo una pregunta que da inicio a un proceso abierto: ¿qué ocurre si artistas, gestores, comunicadores y vecinas/os unen sus caminos para generar un cambio social? La consecuencia natural fue la aparición del Barrio Hacker: un espacio de co-creación abierta, donde las fronteras entre quien propone y aprende se diluyen de la única forma en que la red puede hacerlo, de forma distribuida.

¿Por qué co-creación? Primero, porque el acceso es libre basado en el principio de retroalimentación necesaria que ha de cumplir el ámbito digital. Y segundo porque todas las herramientas están construidas desde la base de distintos softwares e iniciativas libres que nos permiten compartir y modificar aquello que creamos necesario para nuestro contexto.

Empezar a usar otras redes no es un cambio sencillo, así como cambiar de un sistema operativo comercial a uno libre. La cuestión es simple: usamos aquello a lo que estamos acostumbrados. Y por ello, el acompañamiento, reforzamiento, orientación y explicación de uso de otras plataformas conlleva no sólo un cambio técnico, sino ético y social.

Empezar a usar otras redes no es un cambio sencillo, así como cambiar de un sistema operativo comercial a uno libre.

El proceso está más vivo que nunca, alimentado por pares en muchos lugares del mundo, como Guifi o Altermundi, y plantea una reconsideración que para tener acceso abierto a la información, debemos también plantearnos las herramientas con las cuales lo hacemos. Todo ello, desde una soberanía tanto de la información como de los modos en que queremos seguir aprendiendo, formándonos, en definitiva, estableciendo unos principios de Educación Abierta.

En fin, estos ejemplos pretenden expresar una idea principal clave: no es sólo el acceso a la información, sino el acceso a los protocolos de generación de conocimiento que podemos crear con esa información. Esos protocolos, formas de entendernos, códigos de interrelación… deben ser representativos del mismo proceso que acompaña la disputa por lograr que los contenidos sean abiertos.

Sabemos que no estamos solos.
Queremos conocernos, y sobre todo, aprender en conjunto.
Cuéntanos.

Notas:

1 https://www.diagonalperiodico.net/tags-tematicos/ley-sinde

Dejar una respuesta