La tecnología avanza retrocediendo

Carolina Goth

El 14 de septiembre, el Librebus cruzaba el último paso fronterizo, de Paraguay a la Argentina, y dejaba también atrás el cenit de su trayectoria por el Cono Sur 2012.

Hubo que armarse de valor para recorrer la perpendicular que une los dos nortes argentinos, atravesando la provincia de Formosa. El viento caliente azotó el bus por kilómetros de una ruta llana y solitaria. Pero la noche y San Pedro de Jujuy llegaron a la vez con una amabilidad que acompañó y se quedó en el bus desde entonces.

En San Pedro, el proyecto LibreBus se presentó ante un auditorio lleno. La organización Mentes Libres logró una gran convocatoria al organizar el evento junto con la Municipalidad. Eso permitió compartir las visiones y distintos proyectos del bus con gente que se enfrentaba por primera vez, por ejemplo, a la posibilidad de que el software pudiera no ser libre.

Esa misma tarde, con el entusiasmo remanente, se armaron talleres con menos personas, que tenían sin embargo un interés más específico y de larga data. Los librenautas recién incorporados, Patrick Gibbs y Luis Britos, estuvieron a cargo. Ellos funcionaron como combustible renovado, tomaron el relevo de las charlas y reforzaron los ejes. Luis, con su experiencia en hacer radio con herramientas de software libre. Patrick, con la mirada siempre puesta en abrirnos del antropocentrismo, alertando a no dormirse en la utopía tecnológica y recordar las historias que lleva consigo cada artefacto del que hacemos uso. Nos obligamos, desde entonces quizás más que antes, a cuestionar el hardware que utilizamos para defendar una libertad que no es única y que no puede aislarse de otras libertades fundamentales.

El día 16 llegamos a Salta, a una ciudad que aún mostraba rastros de la procesión del día anterior, de una de las fiestas religiosas más convocantes de la zona. En ese contexto, un domingo por la tarde, armamos un círculo en la Federación de Centros Vecinales, con la gente de Salta L.U.G y mayoría de programadores e informáticos. Nos presentamos, nos escuchamos. Para escapar a lo obvio, o para ventilar los aires sectarios y las molestas nubes que suelen formar, en esa ronda se habló poco de software. La perspectiva se abrió hacia el eje medioambiental, hacia los usos sociales y responsables de la tecnología. Pensamos posibilidades locales, formas de empoderamiento, fines que se vuelvan medios para las comunidades.
Al día siguiente, en Tucumán, continuamos en esa línea, aunque dejando de a poco la gravedad de las discusiones para divertirnos con aparatos. El escáner DIY que llevábamos a bordo se armó una vez más para mostrar cuán simple puede ser compartir. Dibujamos sonidos en el taller de drawdio dado por, literalmente, los aparatos. Patrick sacó también su Raspberry Pi, esa pequeña y económica computadora ideada para que los chicos aprendan de qué y cómo está hecha. Esa tarde de lluvia en medio del parque 9 de julio, los librenautas nos sacamos las ganas de jugar. Al hacerlo uno mismo, desarmar, recrear, buscarle la vuelta. Con circuitos como con palabras, hablamos de una tecnología más humana.

Esa misma noche seguimos a ruta hacia Córdoba. El noroeste Argentino fue un ejemplo más de cómo el LibreBus se las arregla para estacionar en donde le hagan lugar y adaptarse a lo que encuentra. De la misma manera en que las tecnologías y los aparatos no significan nada si no consideramos sus usos, nos sentimos parte de algo que es muchas cosas antes que un bus. Al mismo tiempo, la gente que lleva dentro y la que lo recibe en cada lugar. Las conexiones que ayuda a crear, el recorrido que traza y las futuras trayectorias que permite imaginar.

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