Revista Pillku

Procomún y Cultura Libre
América Latina
ISSN 2215-3195

Opinión

Hágase usted mismo o cómo intentar ser hombre en la segunda década del Siglo XXI y no morir en el intento

Al escribir en estas páginas para Pillku sobre masculinidad, de inmediato me asaltan numerosas dudas, porque para empezar, sólo cuento con una masculinidad a la cual más o menos conozco: la mía, y ésta no deja de darme sorpresas.

Intentar ser hombre en el Siglo XXI

Cada vez que mencione la palabra masculinidad (o mejor dicho, masculinidades, porque no hay una sola) me referiré a “formas de ser y vivir el ser hombre”. Ya sé que hay conceptos más elaborados, pero en esta labor de construcción, deconstrucción y por momentos, destrucción de “lo masculino” prefiero asumir la primera persona del singular, y hablaré a partir de mi experiencia personal, así como el valioso aporte de muchos hombres cabales y mucha mujeres – feministas y no – que por fortuna me rodean y me han enseñado a lo largo de mi vida.

Quien busque estudios documentados, definiciones académicas, cifras contundentes, conceptos clarificadores, opiniones ponderadas, profundas reflexiones, citas a pie de página y referencias bibliográficas, lo siento, no las encontrarán en mis palabras.

Yo sólo hablaré de algunas cosas que pasan en mi día a día y me hacen reflexionar acerca de qué es ser hombre en estos tiempos postmodernos, postapocalípticos, de postverdad y en los que ya nada es lo que parece… los tiempos de la Era Digital.

¿Cómo se hace uno hombre en esta sociedad digital, heteronormada, patriarcal, colonialista, misógina sexista capitalista y jodida?

Siempre me ha llamado la atención que entre los hombres en México, (ignoro si es así en otros países), el segundo insulto más fuerte, después de la mentada de madre, es decirse uno al otro “mariquita”, o peor aún “mujercita”… quien lo dice sabe de antemano que es madriza segura…

¿Y por qué es tan efectivo el insulto? Porque como hombres nos seguimos creyendo desde pequeños – porque así nos lo dicen hasta el cansancio – que ser niño es mejor que ser niña, que por ser hombres, somos afortunados – gozamos de privilegios, aunque no los mencionemos como tales -, y que nos comparen con una niñita, con todas sus debilidades, defectos y desventajas, nos coloca en un lugar inferior al que la naturaleza nos ha prodigado, por el simple hecho de nacer machines, y nos condena a reproducir y representar un guión rígido y estrecho de comportamientos, ideas fijas y actitudes de las cuales resulta extremadamente difícil moverse.

Desde niño, debes ser agresivo, seguro de ti mismo, aprender a pelear por defender lo tuyo, no dejarte de nada ni de nadie… No puedes mostrar tus sentimientos, no puedes ser débil, no mostrar empatía, mucho menos de delicadeza. Pero resulta que vas creciendo, y te vas formando y deformando a punta de golpes, y si en estos días, quieres conseguir a una “mujercita”, debes lucir más atributos que los que como “machito” te corresponden…

Este discurso, que algunas personas pueden encontrar cavernario, algo muerto y enterrado en nuestras “sociedades modernas”, en realidad goza de cabal salud, no sólo en la vida diaria, sino también se encuentra reforzado constantemente en esta máquina devoradora y recicladora de discursos, que es la web.

Constantemente se escucha en las redes sociales que los hombres de hoy somos menos hombres, que en tiempos de nuestros abuelos, ciertas actitudes eran simplemente intolerables, y que vamos perdiendo la batalla contra las mujeres y lo femenino. Lo curioso es que junto con todas estas actitudes de metrosexual, en estos roles de género trastocados, calladamente el machismo vuelve a surgir con toda su fuerza bruta entre chicas y chicos millenials de 17, 18, 19 años – lo veo en amigas y amigos de mi hijo, por ejemplo…

Regresa y adquiere nuevos matices cibernéticos la vieja y terrible costumbre de los celos enfermizos – todos los celos son enfermizos -, la violencia en el noviazgo, tolerada y hasta abiertamente aceptada por muchas jóvenes, que han aprendido que “su macho” es casi como su dueño, y las puede, insultar, engañar, minimizar y hasta zarandear a su antojo, en público y en privado porque por algo es “su macho”, y mejor ni te metas…

Y muchos chavos vuelven a presumir el dominio que tienen sobre sus “viejas”, más de una a la vez, a quienes controlan por Facebook, Instagram, Snapchat y hasta por Twiter… Qué dice, quienes son sus amigas, y aún más, a quienes acepta como amigos, a qué le pone “likes”, qué comentarios hace, qué páginas visita, quienes son sus artistas favoritos… Las chicas hacen más o menos lo mismo, (ahora le llaman “estalkear”) y más de una se pone al tú por tú con los golpes, porque “ellas sí se saben defender”, como si el noviazgo fuera una especie de entrenamiento pugilístico, donde las muestras de cariño son los moretones y los insultos entre novios… actitudes que cuentan con su propio género musical: el reggaetón.

No generalizo, no todas las chicas son sumisas ni todos los chavos son machines, incluso, estoy dispuesto a admitir que no todo el reggaetón es machista, pero esto que yo creía muerto y enterrado, algo de lo cual mi generación se había salvado, está más fuerte que nunca y se expresa, hoy por hoy, de diferentes maneras en las redes sociales.

Como reflejo de la sociedad que le crea, el ciberespacio reproduce y refuerza viejas masculinidades. Estamos a un click de distancia de un universo de todo tipo de pornografías, desde las más light, hasta las más duras y violentas, así como redes de trata de personas, comercio sexual de mujeres, niñas y niños de todas las edades y de muy diversos tipos.Cada vez se expresan con mayor fuerza discursos políticos y religiosos que legitiman el poder de los hombres sobre las mujeres y que se fundamentan en esta vieja idea de que lo femenino es un enemigo mortal, una serpiente venenosa que se debe sojuzgar y destruir a toda costa.

Pero también se escuchan, de manera discreta, casi tímida, otras voces que hablan acerca de que es posible encontrar formas diferentes y no hegemónicas de pensar y vivir las masculinidades: aquellas que no ven a las mujeres como una amenaza, y otras que se permiten explorar paternidades afectivas y responsables, que se cuestionan seriamente estos roles impuestos de agresividad extrema, descuido personal y de la salud, y rechazan la falta de equidad en las relaciones entre hombres y mujeres.

La configuración de diferentes masculinidades en la red es un tema extremadamente complejo que aún se está construyendo, y hay tantas expresiones como entes masculinos se manifiestan (incluso las masculinidades transgénero, todo un tema en sí).

Me arriesgaré a decir una verdad de Perogrullo al afirmar que las distintas masculinidades, hegemónicas, represoras, reprimidas, alternativas, machistas y no machistas, liberadoras y otras, van buscando, encontrando y construyendo sus propios espacios, a los cuales se adhieren los semejantes, y se enfrentan los opuestos, en un debate que apenas empieza, y difícilmente terminará pronto.

Es también cómo me veo en el espejo, qué me gusta y qué no me gusta de mí, y qué puedo hacer para reivindicar y conservar lo que me gusta de ser hombre (ser papá, por ejemplo) y qué puedo hacer para cambiar lo que no quiero… como dicen los indígenas chiapanecos, “cun-cun”: paso a pasito…

Las mujeres nos llevan mucho más de 100 años de ventaja en cuanto a la reflexión sobre sí mismas. La historia de los estudios sistemáticos acerca de la condición de ser hombre tendrán unos veinte, treinta años a lo sumo, no más… pero es bueno que ya hayamos empezado… ya hacía falta… Creo sinceramente que cada vez somos más los hombres que queremos ser simplemente hombres, no machos…

Lo celebro y creo que hay mucho, mucho por hacer…

Última modificación: 16 de diciembre de 2017 a las 22:04