Revista Pillku

Procomún y Cultura Libre
América Latina
ISSN 2215-3195

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Cooperativas

En primera persona: cómo es formar parte de la Cooperativa de enseñanza Olga Cossettini

La cooperativa de enseñanza Olga Cossettini comenzó sus actividades en el año 1998, con el objetivo de satisfacer las necesidades educativas de 14 familias preocupadas por la realidad de los establecimientos de la zona y por la calidad de la oferta educativa. Ya han egresado más de treinta niños y en la actualidad brinda educación Inicial y Primaria a otros setenta.

La escuela en acción
Pillku realizó una breve entrevista a algunos miembros de la Cooperativa para conocer el testimonio en primera persona acerca de los logros y las dificultades de llevar adelante estos modos de organización entre pares.

Silvina actualmente es presidenta de la cooperativa y además es docente en todas las áreas del primer ciclo y nos comparte su experiencia:

“Hace 16 años que participo del proyecto, desde su fundación. Apuesto a este proyecto porque tanto en la propuesta pedagógica como en la forma de organización me identifican y me llevan a la realización de mis ideales de educación, de formación, y de participación democrática y para la comunidad.

Esta escuela se sostiene sobre tres pilares conceptualizados y llevados a la práctica por las educadoras Olga y Leticia Cossettini, cuya experiencia educativa se realizó en la ciudad de Rosario desde el año 1930 hasta 1945, con una propuesta innovadora enrolada dentro del movimiento que se denominó Escuela Nueva. Esos tres pilares son: La educación por el arte, El niño en contacto con el ambiente natural y El niño en contacto e inmerso en un medio social.

Apuesto a este proyecto porque tanto en la propuesta pedagógica como en la forma de organización me identifican y me llevan a la realización de mis ideales de educación, de formación, y de participación democrática y para la comunidad.

Esto diferencia a nuestra escuela en que todas las áreas (sobre todo las llamadas “intelectuales”) son atravesadas por el arte en sus variadas expresiones, a saber: pintura, modelado, música, literatura, teatro, construcciones tridimensionales, danza y expresión corporal. Por lo cual necesitamos a un docente que se enamore de este proyecto, que se sienta altamente identificado y esté abierto a jugar, a jugarse, a estudiar, a poner el cuerpo en escena, a formarse integralmente en los canales de expresión artística al mismo tiempo que los chicos, para que ese valor se transmita desde la vivencia y no desde la superficialidad.

El valor del contacto con la naturaleza trae aparejado muchas excursiones, o salidas cercanas para ir directamente a la naturaleza antes que al saber enciclopédico. Trae aparejado la realización frecuente de experiencias en el campo de las ciencias naturales para la observación de los fenómenos y recién después de haberse asombrado ante el descubrimiento y ante la prueba y el error llegar al libro y a la lámina.

El niño inmerso en una realidad social, conciencia de comunidad de cooperación para la supervivencia, para los logros, para la optimización de la vida. Una escuela abierta a la vida, no aislada en aulas con temas dados en forma artificiosa, recortada y edulcorada. Los vecinos de la escuela son noticia, ¿quiénes son, a que se dedican?, ¿qué oficios tienen? ¿cómo se integran a la vida del pueblo, dónde hacen las compras, dónde atienden su salud?. Circuitos culturales, económicos y sociales de una comunidad. Visitamos al vecino para conocer su taller, le hacen preguntas. Funciones de los ciudadanos y de las autoridades de gobierno, derechos sociales, derechos humanos, valores democráticos.

La escuela tiene como obstáculo para su sostenimiento la imposibilidad hasta la fecha de obtener la adscripción a la enseñanza oficial. Esto implica que los estudiantes cuando llegan al ultimo año de la escolaridad primaria tienen que dar un examen en una escuela pública indicada por el Ministerio de Educación de la provincia de Córdoba para que acrediten que han sido escolarizados y obtengan su título oficial. A esto se suma, la imposibilidad de tener los sueldos docentes subsidiados y de carecer de espacio propio, terreno y edificio escolar.

Los maestros y maestras constituimos una cooperativa de trabajo y nos repartimos las tareas equitativamente. Las familias se constituyen como cooperadora y llevan adelante cantidad de eventos recaudatorios. Además se organizan para el mantenimiento, la maestranza, la jardinería, la secretaría, las compras y la limpieza de la escuela. Ha creado un almacén con una moneda de intercambio – “el cossettón” -, donde se intercambian sus productos y servicios.

La escuela tiene como obstáculo para su sostenimiento la imposibilidad hasta la fecha de obtener la adscripción a la enseñanza oficial.

Todos los miembros de esta comunidad educativa aportamos dinero y muchas horas de trabajo. Esas horas de trabajo son ad-honorem una parte y otra parte retroalimentan este circuito interno comercial. Esta organización y compromiso fuerte en base a la conformidad y a la alegría que nos produce participar de esta institución donde se ven rápido los buenos resultados en la infancia y en estilo de aprendizaje han sido los soportes para sostener tantos años la institución que no recibe ninguna ayuda estatal y que se encuentra excluida del sistema formal. La vinculación entre los aspectos educativos y todos los demás mencionados es directa. Ya en el proceso se ven los resultados. Los chicos quieren venir a la escuela, no quieren faltar, hacen amistades, cultivan valores de participación, de análisis, de solidaridad, de paciencia, de tolerancia, de sensibilidad, de organización y de acción. Y para finalizar, dan los exámenes con excelencia. Las familias son personas que desean crecer en conciencia, que se animan a cambiar, que toman las riendas de la escuela sin especulaciones. Una aspecto alimenta al otro y viceversa.

Mi experiencia en la escuela es hermosa. ¡He aprendido tanto de mis compañeras, de las familias y de los niños y niñas!. Mi experiencia es muy gratificante, no he parado de crecer como persona y como profesional. La felicidad que me produce venir a trabajar todos los días hace que siga apostando a este proyecto político educacional.

José Gorín también ha participado muchos años de esta cooperativa y nos brindó una entrevista donde nos comenta lo siguiente:

J.G.: Yo entré como padre porque tenia 2 hijas ahí y estuve un año, o un año y medio sin participar, pero como papá éramos socios igual. Y después de ese año y medio, en las asambleas que realizábamos regularmente, empezamos a repartirnos tareas y yo me sentía capacitado para ayudarlos en la parte de administración, registros. Y así empecé a trabajar en la parte de registración de la escuela, llevar libros de registro, y me acerqué a quien en su momento era el presidente de la cooperativa para organizar el “Banco de Horas”. Era un sistema de intercambio con moneda propia dentro de la escuela. Ése fue mi lugar, ahí trabajé.

Pillku: ¿El banco de horas era un sistema de intercambio para financiar la escuela? ¿Cómo hacían con los gastos que sí o sí hay que pagar con “dinero”?

J.G.: Lo que había que pagar en pesos se cubría con las cuotas de los padres que podían abonar con dinero. El sistema de intercambio lo que tenía era que la escuela aceptaba una parte de pago de la cuota con una moneda propia que ahora se llama “Cossettón”. El hecho de poder pagar una parte de la cuota con una moneda propia se debía a que los padres aceptaban cobrar servicios que le prestaban a la escuela en esa moneda propia, o sea: limpieza de la escuela, jardinería, mantenimiento; y las maestras aceptaban cobrar parte de su sueldo en cossettones. Por esa causa, podíamos cobrar en cossettones las cuotas.

El hecho de poder pagar una parte de la cuota con una moneda propia se debía a que los padres aceptaban cobrar servicios que le prestaban a la escuela en esa moneda propia.

Entonces, las personas que ofrecían servicios a la escuela también podían ofrecerles servicios a esas maestras que cobraban con esa moneda. Servicios como costura, lavadero y productos también: comida o gente que vendía leña en cossettones. La moneda tenía su “vida propia”: no solamente servía para la cuota de la escuela (algo en lo que uno seguro iba a usar su cossettón), sino que además podía comprar productos y servicios que ofrecían los padres.

Pillku: Esos cossettones nunca se podían cambiar por dinero, sino que se mantenían en la lógica del intercambio por productos o servicios de quienes a su vez generaban esos cossettones…

J.G.: Hubo momentos más estrictos de la cooperativa y hubo momentos menos estrictos: hubo momentos donde había una serie de cosas que se adquirían con cossettones y no había “vuelta”, pero el año pasado (no estoy seguro de que ahora sea así) los padres podían comprar en el almacén de la escuela productos mitad en cossettones y mitad en pesos porque algunos padres que producían productos consideraban que si no tenían una parte de la retribución en pesos no podían adquirir los insumos para seguir produciendo.

Pero esta es una organización que han adoptado los padres en los últimos años, ellos son quienes han tomado el poder del sistema de intercambio. Inicialmente se trataba de que sea muy “puro”: que los cossettones fueran solamente cossettones y se intercambien por servicios o productos, pero ahora creo que está un poco más “mixto”.

Pillku: ¿Por qué elegiste trabajar en esa organización? ¿Te parecía que la Cossettini podía ser un proyecto que trascienda lo meramente educativo?

J.G.: Me parece que todos llegamos a la escuela por “la escuela”. Y después la organización colectiva empieza a “seducirte”, es una cosa que ocurre después. Creo que es el camino de muchas cooperativas: surgen en función de una necesidad que no está cubierta por organizaciones que a uno le parezcan confiables o aceptables. Es una forma de organizarse, nada más. Y después uno empieza a pensar: “¡Pero esto es bárbaro!. En la cooperativa, todos con la misma capacidad de voto, todos decidimos” Uno se entusiasma. Me parece que en la escuela básicamente pasó eso. Incluso nosotros no sabíamos ni lo que era una cooperativa cuando empezamos a trabajar “cooperativamente”.

Tuvimos una vez un contador que nos dijo algo muy interesante: “¿Saben qué pasa con las cooperativas? Necesitan cooperativistas. La cooperativa no es una organización y nada más, si no hay cooperativistas no anda”. Y lo decía porque lo nuestro era un poco eso: un grupo de gente que se había organizado para trabajar sin saber lo que era el cooperativismo. Y poco a poco fuimos como “entrenándonos” en eso.

Nosotros no sabíamos ni lo que era una cooperativa cuando empezamos a trabajar “cooperativamente”.

Yo no fui muy participativo, las maestras y los primeros padres fueron como los “mentores” de la cooperativa. Me mantuve más bien en este lugar de administrador del banco, del sistema de intercambio, la parte más administrativa.

Pillku: ¿Y les resultó muy complicado organizar la parte contable del Banco de Horas?

J.G.: Es como una “contabilidad paralela”, como si fueran dos contabilidades que va una al lado de la otra.

Durante un tiempo se implementó lo que se consideraba un “respaldo”: todos los socios se comprometían con productos o servicios de manera que no quedaba ningún cossettón en circulación que no se pudiera intercambiar por un producto o servicio. Entonces a principio de año todos firmábamos 12 compromisos que decían, por ejemplo: “tres tartas” (para cada mes). Entonces había tres tartas por mes que uno podía comprar llevando ese papelito hacia el lugar donde se producía el bien/servicio. Pero eso lo hemos dejado. Ahora el único respaldo que tiene el cossettón es la cuota de la escuela (porque vos siempre podés pagar una parte de la cuota en cossettones) y la confianza en el resto de los padres. No hay otro respaldo que ese.

En aquel momento era de menos confianza, digamos, el funcionamiento. Entonces el vale o compromiso nos aseguraba el respaldo del cossettón. Ahora la moneda está valorizada porque sabemos que hay un padre que nos va a dar esto o aquello, hay un buen almacén, hay muchos productos.

Pillku: ¿Cuáles fueron las principales dificultades que encontraste vos en el modelo de este sistema cooperativo?

J.G.: Son las complicaciones de lo colectivo. Ponerse de acuerdo, o sea: ser pares es un desafío. Uno es par – en principio – por definición. Pero en el momento en que se forman grupos aparecen disparidades. Ése creo que es uno de los principales problemas: mantener el nivel “de pares”. Valorizar realmente “una persona = un socio = un voto”, darle valor a esa enorme democracia que representa una cooperativa es a veces muy difícil.

Ser pares es un desafío (...) Pero en el momento en que se forman grupos aparecen disparidades. Ése creo que es uno de los principales problemas: mantener el nivel “de pares”.

Lo legal organizativo también es un problema, hay que tener profesionales que te orienten, es algo que también lleva su tiempo.

En ese plano tuvimos, por ejemplo, una fea experiencia con un subsidio que solicitamos y provenía supuestamente de un organismo de fomento cooperativo, pero venía con contraparte. En el medio del subsidio había una consultora que se quedaba con el 30% del dinero por sus servicios. Eso nos llevó a rechazarlo porque había que ofrecer esa contraparte, justamente.

Pillku: ¿Cómo es tu participación actual en la cooperativa?

J.G.: Seguí trabajando como registrador aún después de que egresaron mis hijos, pero ahora me tengo que alejar un poco por cuestiones de salud. También soy responsable de lo que era el sistema de intercambio, pero como comenté antes, los que se hicieron cargo de eso ahora son los papás que han formado una especie de cooperadora, se han comprometido y trabajan como locos.

Yo sigo registrando, me pidieron que siga registrando, pero lamentablemente por cuestiones de salud tengo que dejar de trabajar.

Última modificación: 12 de octubre de 2015 a las 17:34

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