Revista Pillku

Procomún y Cultura Libre
América Latina
ISSN 2215-3195

Pillku tendrá su primera edición impresa

Me lo dijo el río

El primer día sin Berta

¿Cuándo fue la última vez que se atrevieron a tanto? Y la respuesta es que hace mucho, el asesinato de Berta Cáceres es uno de los grandes crímenes políticos que han realizado los Estados centroamericanos, la última a la altura y de la talla de Berta Cáceres.

Día internacional de la mujer (8 de marzo de 2016, Managua). Foto por @mezcalit

Alicia estaba saliendo de una gripe, me levanté temprano porque había que prepararle la merienda… La primera noticia como un rayo, Radio Progreso informaba que habían asesinado a Berta Cáceres. No lo podía creer, leí la nota varias veces esperando que de alguna forma desapareciera, que no fuera verdad, otra nota de Radio Progreso… La noticia estaba confirmada.

El asombro

Pasé 40 minutos antes de poder contarle a mi compañera. Esperé a que saliera del baño la abracé y le dije: “Asesinaron a Berta Cáceres“… los dos lloramos abrazados.

Más tarde, supe que esa escena se repitió en centenas de casas, la primera reacción de Kely Estefanía del PST hondureño: “tenía esperanzas de que fuese una confusión”. En Radio Progreso varias entrevistadas decían lo mismo, todo el mundo reaccionaba igual: “¿pero estás seguro?”.

La primera reacción: el asombro. Nadie podía creer que Berta, ya no estuviera. Por la tarde intentaba recordar de donde conocí a Berta Cáceres, y me parecía que de siempre, un poco como los ríos que siempre están allí, pues Berta era como un río, era de las que siempre estaba presente. Nuestra primera reacción fue el asombro de que Berta no estuviera, porque era como creer que un río ya no estaba más, que una montaña hubiera muerto.

*El dolor *

Luego… luego todo: la rabia y el dolor, el quebranto. ¿De dónde venía tanto dolor? ¿Este dolor que todos expresamos por la tarde en la vigilia? El dolor que han expresado tantos luchadores y luchadoras en tres continentes, es porque algo de nuestra humanidad compartida murió con ella, los paramilitares que la asesinaron, no solo acabaron con su vida, también nos arrebataron un pedazo de nuestra propia humanidad.

Algo de nuestra humanidad compartida murió con ella

Ayer, recordaba la sonrisa de Berta. Santiago Hoerth, un amigo argentino de Código Sur, me dijo: “Así es como me gustaría recordarla”. Me mostró una foto de Berta sacando la lengua en medio de una reunión. Carla Valdés, una joven cineasta cubana, recordaba lo que había escrito cuando conoció a Berta Cáceres: “Hay en sus acciones y en la forma de poner sus manos sobre la mesa, de aceptar las circunstancias, e incluso en su risa, un radicalismo de la justicia, que no significa sólo la intransigencia, sino —y es importante decirlo de esta forma— sencillez de la ternura”. Durante la noche, el Centro Martin Luther King, en La Habana, había realizado una vigilia en recuerdo de Berta Cáceres.

No recuerdo a Berta enojada, siempre reía, aunque fuera una situación extrema, aunque hablara de algo serio y central para el movimiento, reía siempre. Sólo alguien que confía plenamente en la humanidad, en su capacidad para luchar y de emanciparse puede reír como reía Berta Cáceres. Hoy el Estado hondureño, los empresarios, los paramilitares le arrebataron a la humanidad esa sonrisa, esa luz, esa humanidad compartida que irradiaba Berta Cáceres.

La reflexión

Sólo alguien que confía plenamente en la humanidad, en su capacidad para luchar y de emanciparse puede reír como reía Berta Cáceres.

Todos sabíamos que a Berta la podían matar. En 2010, yo mismo había escrito: “Pienso que esta mujer lenca (…) está en la lista de los 33 dirigentes sociales en peligro de ser ajusticiados por las bandas paramilitares que operan impunemente en Honduras”

Pasaron seis años. El “maquillaje” del Golpe de Estado se consolidó. El Estado y el gobierno hondureño regresó a la OEA, y al concierto de “naciones civilizadas”, Laura Chinchilla reconoció al gobierno de “Pepe Lobo”, Luis Guillermo Solís nombró de embajador costarricense en Honduras a Eugenio Trejos. Juan Orlando Hernández se llenaba la boca diciendo que en su gobierno, Honduras había salido de la lista de Estados que no respetaban los derechos humanos.

Pero todos sabíamos que en Honduras la guerra sucia contra el movimiento popular continuaba, que se cuentan por centenas los activistas y luchadores asesinados. Finalmente el Estado y el gobierno, los empresarios, los paramilitares se sintieron suficientemente seguros de sí, y dieron un paso adelante, llevaron su política de la muerte más allá, decidieron asesinar a Berta Cáceres.

Durante la vigilia muchos nos preguntábamos “¿Cómo se atrevieron a tanto?” Entre 2010 y 2016 la lucha de Berta Cáceres y del COPINH fue creciendo, en esos años fue que lograron frenar la destrucción del Río Gualcarque, frenaron a DESA, a Sinohydro y al Banco Mundial. Berta ganó en 2015 el premio Goldman, un reconocimiento mundial de su lucha. Hoy la noticia de su asesinato recorre el mundo: Notas en el NY Times, en The Nation, en Público y El País, declaraciones de la OEA, de la FAO, de Amnistía Internacional, de ¡Leonardo Di Caprio!

Me preguntaba: ¿Cuándo fue la última vez que se atrevieron a tanto? Y la respuesta es que hace mucho, el asesinato de Berta Cáceres es uno de los grandes crímenes políticos que han realizado los Estados centroamericanos. La última a la altura y de la talla de Berta Cáceres… sería probablemente Arlen Siu Bermúdez, la legendaria guerrillera nicaragüense, muerta en 1975, cuatro años antes que cayera la satrapía de Somoza.

Seguir luchando. Abrir el futuro

Durante la vigilia en La Fuente de la Hispanidad, estaban las hijas de varias amigas, una corría en medio de las velas, la otra se quejaba porque le caía agua de la Fuente:
-¿y Alicia?,
-Se quedó con la abuela….

Berta Cáceres tuvo cuatro hijos, tres niñas y un niño. En 2010, Berta se quedó en nuestra casa “obligada”: tenía que regresar a Honduras, pero no lo logró, así que tuvo “vacaciones forzadas”. En el desayuno, alternándose son las discusiones políticas, estaban las conversaciones sobre sus hijas, las conversaciones normales que tenemos madres y padres: si estudia o si no estudia, si come o no come… Recuerdo con esa sencillez tan de Berta, que nos contaba que estaba un poco preocupada por su hija “Bertita”, ocupaba una crema que no había en Honduras. Nada, conversaciones de vida cotidiana.

El asesinato de Berta Cáceres es uno de los grandes crímenes políticos que han realizado los Estados centroamericanos.

Ayer por la noche escuche por primera vez en mi vida a “Bertita” (Berta Isabel Zúñiga Cáceres), su segunda hija, una mujer de 25 años, lúcida como su madre y su abuela: “El asesinato de mi madre es uno más de los asesinatos que se cometen por la lucha contra esa represa hidroeléctrica Agua Zarca, y más allá de eso, es responsable este sistema capitalista patriarcal racista y de muerte, que fomenta por todo nuestro continente la explotación minera e hidroeléctrica y la exclusión y violación de los derechos de las comunidades indígenas de toda nuestra región”.

Un proverbio africano dice que “para criar un niño, se necesita una tribu”. Berta Isabel, hablando de su familia dice: “Tengo dos hermanas, un hermano, mi abuelita (mamá de mi mami). Tenemos un sinfín de tíos, tías, primos y otras personas que han estado muy cerca de ella y que de alguna manera se han convertido en su familia”

La vigilia de ayer, por lo menos para mí y para mi compañera tenía algo de familiar, era una concentración nutrida, con mucho del activismo social y de izquierda, aun así tenía algo de familiar. Oír la lucidez de la hija de Berta Cáceres, ver a las hijas de mis amigas correr en la vigilia, pensar en mi propia hija —que espero despierta hasta que su mamá y su papá regresaran a la casa— me reafirmó varias ideas: que lo mejor está porvenir, que si uno trae hijas al mundo, es porque sabe que hay humanidad, que en la lucha encuentras una familia extensa, ampliada, una tribu donde criar a tu hija, una tribu para pelear por su futuro.

Me refirmó que hay futuro, que podemos vencer y que vale la pena abrirles el futuro, que vale la pena caminar y luchar junto a las pequeñas hacia el futuro, que Berta hizo los mismo con sus hijas y su niño. Que se lo debemos.

La lucha, lo que sigue

El asesinato de Berta Cáceres no puede quedar impune. Todo nuestro corazón y energías se debe concentrar que haya juicio y castigo a las autores materiales e intelectuales del asesinato de Berta Cáceres, este será el primer paso, para que se castiguen el otro centenar de asesinatos impunes que carga el movimiento popular hondureño sobre sus espaldas. Hay que generar un movimiento internacional que proteja la vida y la integridad de Gustavo Castro Soto, director de Otros Mundos y único testigo del asesinato de Berta Cáceres, hoy bajo “custodia protectora” del Estado hondureño. De parte del movimiento popular costarricense, es clave presionar a la Asamblea Legislativa, para que se pronuncie categóricamente repudiando el asesinato de Berta Cáceres y exigiendo el juicio y castigo a sus autores materiales e intelectuales.

El gobierno de Luis Guillermo Solís, al Canciller Manuel González y al embajador costarricense en honduras Eugenio Trejos, cobardes y ruines como son, no han dicho una palabra del asesinato de Berta Cáceres. El movimiento por la justicia para Berta Cáceres, debe exigir un pronunciamiento categórico de repudio al asesinato de Berta Cáceres, la suspensión de las relaciones diplomáticas hasta que se haga justicia y reparación a los asesinados bajo los gobiernos de Michelleti, “Pepe” Lobo y Juan Orlando Hernández.

Última modificación: 16 de marzo de 2016 a las 16:50