Revista Pillku

Procomún y Cultura Libre
América Latina
ISSN 2215-3195

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Entrevista Argentina en Python

Con esfuerzo y contactando con la gente apropiada no hay nada que no se pueda lograr

Manuel Kaufmann emprendió en 2014 “Argentina en Python”, un proyecto que se materializa en un viaje permanente por diferentes países de Sudamérica. Lleva casi dos años difundiendo el uso del lenguaje de programación Python por diferentes ciudades.

Argentina en Python

Con las premisas de lo colaborativo, el software libre y la confianza en lo comunitario, su testimonio también muestra que una carrera profesional y un proyecto de comunidad son compatibles bajo el paradigma de la Cultura Libre.

Anita: Se podría decir que elegiste una modalidad bastante “particular” para difundir la filosofía y las ventajas del software libre, ¿cómo contarías el comienzo y cuáles anécdotas/dificultades son las que más te marcaron cuando recién empezaba “Argentina en Python” (o durante lo que denominás Etapa 0)?

Bueno, en primer lugar tengo que decir que pensé muchas otras alternativas. Algunas un poco más sofisticadas y mejores planeadas que lo que estamos llevando adelante en la actualidad, pero sin embargo, lo sofisticado y planeado no me llevó a nada y simplemente me hizo perder el tiempo con su planificación, búsqueda de las personas adecuadas (o que uno a la distancia —creía— que eran las adecuadas), itinerario y demás que sólo me generaban estrés y ningún resultado medible con respecto al objetivo del proyecto.

Así que decidí borrar todo y empezar de 0. Empezar a hacer y dejar de planificar. Llamé a Joac, un amigo de Python Argentina, y le dije que en 5 días iba a su casa en Buenos Aires Capital con la idea de ese proyecto que había comentado en PyConAR Rosario unos meses atrás. Al llegar ese día, ya tenía todo cargado en el auto (incluso hasta modifiqué el auto con una cama improvisada para dormir dentro de él) y, aunque no estaba listo psicológicamente para salir, no me quedaba otra. Ya estaba comprometido con Joac, con Python Argentina y conmigo mismo.

Esta “particularidad” de la que hablás es algo que estaba a mi alcance. Tenía un trabajo freelance, tenía un auto, tenía la posibilidad de dejar la ciudad en la que estaba, tenía una independencia económica, tenia… Tenía libertad. Una libertad que no me vino del cielo, aunque me la dio a conocer el movimiento del Software Libre, pero que la busqué durante mis estudios en la Universidad, que Python Argentina me ayudó a encontrarla y que mucha gente que me rodeaba en esa época me apoyó o me mostró el camino. Buscaba una libertad que no sabía exactamente hacia dónde me llevaría o para qué me serviría puntualmente, sino que sentía la necesidad de ser libre y poder tomar mis propias decisiones.

Quería poder tomar decisiones sobre mi trabajo, sobre mis estudios, sobre mis horarios, sobre mis objetos materiales y mucho más. Así, durante ese tiempo de búsqueda logré conseguir ese trabajo freelance, ese auto y esas “no ataduras” a una ciudad en particular que cuando logré mirarlo desde afuera me dí cuenta que podía hacer cualquier locura que se me cruce por la cabeza. ¡Y ya la tenía, se llamaba Argentina en Python!

Hoy en día pienso que no hay mejor forma de mostrar y transmitir el espíritu de la Cultura Libre que de la forma en la que estamos viajando. Hemos estado en 5 países en los últimos 2 años y te puedo asegurar que no hubiese sido posible sin la gente que confía plenamente en lo desconocido, que apuesta en nosotros y que nos abre las puertas de su casa como si fuésemos amigos de toda la vida, aunque nunca nos hayamos visto la cara ni una vez.

Hoy en día pienso que no hay mejor forma de mostrar y transmitir el espíritu de la Cultura Libre que de la forma en la que estamos viajando.

Las principales dificultades, como decía antes, fueron las emocionales y psicológicas. La soledad, la disciplina estricta rutinaria que debía tener para trabajar en lugares demasiado hermosos y con mucha gente de fiesta, la responsabilidad de que absolutamente todas las decisiones pasen por uno mismo, el no poder pedir una opinión a alguien de confianza, los problemas de salud y el “auto-llevarse” al hospital… Además de todo esto, que no es menor, está la presión social y la típica frase “Estás loco. Te van a matar. Te van a secuestrar…” y un largo etc. Es muy difícil confiar más en uno mismo en esos momentos, que en cientos de personas que te dicen exactamente lo mismo casi todos los días.

Así y todo, con muy pocas personas de mi lado, decidí salir solo a la ruta con destino a Buenos Aires. Hasta el día de hoy recuerdo haber conducido aproximadamente unos 100 Km llorando bastante desde Paraná, pasando por Santa Fe y la ruta hacia Rosario, y preguntándome si estaba bien lo que estaba haciendo.

También, se podría decir que la Etapa 0 lleva ese nombre porque fue una especie de experimentación y prueba personal. Desafiarme a mí mismo para concluir con la decisión que me llevaría hoy a donde estoy. Determinar si realmente esto era una locura como muchos decían, o era algo factible más allá del esfuerzo que implique mantenerse en un viaje constante y sin las comodidades que estamos acostumbrados.

Anita: ¿Cómo fue al principio lograr conciliar las expectativas personales, el trabajo y “hacer comunidad” en el contexto de un gran viaje permanente?

Interesante pregunta. Creo que, de hecho, no lo logré o por lo menos no cubrí mis expectativas de la forma en la que me hubiese gustado. Me parece que viajé mucho e hice poco – o al menos, no hay resultados tan visibles. Visité muchas ciudades y organicé muy pocos eventos, pero hablé mucho (en charlas informales) de Python, Software Libre y programación con personas que quizás no hubiesen estado en contacto con esos temas de otra forma. Eso es lo que me gustaba, más allá de no poder organizar tantos eventos.

El trabajo era mi prioridad. La ecuación era simple: si trabajo, puedo seguir viajando y llevando adelante este proyecto. En ese momento no recibía dinero de nadie. Tanque de nafta que cargaba o curso que daba, todo salía de mi bolsillo. Me daba mucha vergüenza hablar de donaciones, pedir subsidios o lo que fuera siendo que estaba arrancando, que estaba nervioso, que no estaba seguro si lo iba a poder llevar adelante, ni por cuanto tiempo. Pensaba que podía pedir plata y que al mes me iba a querer volver. Entonces, ¿qué le decía a la gente que me había dado dinero?. Definitivamente, no estaba en mis planes pedir dinero hasta sentirme cómodo con eso habiendo consolidado algo que “para mí esté bueno y que yo me lo crea”.

Sinceramente, no creo haber logrado mucho trabajo de comunidad en las primeras etapas, mientras trabajaba. Como decía, mi prioridad era el trabajo y eso me quitaba muchísimo tiempo en el proyecto. Además, cuando tenía ese tiempo libre, estaba muy cansado y lo único que quería era salir a caminar para relajarme y bajar un poco el estrés de “no saber dónde voy a dormir esta noche”. El hecho de estar en “un viaje permanente” consume mucho tiempo: todos los días tenés que resolver los mismos problemas básicos que cualquiera tiene resueltos en su hogar.

Sin embargo, creo que pude tocar en su interior a algunas pocas personas (con las que sigo en contacto hoy día) y mostrarles otra realidad con respecto a la informática y a la filosofía del compartir. Comentarles como yo hice mi carrera profesional compartiendo mi código, mis ideas, mis pensamientos e incluso demostrarles lo que aquello que empecé a compartir hace 10 años atrás hoy me estaba llevando a transitar un camino que jamás hubiese logrado de otra forma.

Anita: ¿Cuál fue el pedido/experiencia/situación más insólita o inolvidable que viviste con el proyecto?

Bueno, hay varias. Aunque muchas me las he olvidado por suerte y cuando las recuerdo sufro como si me estuviera pasando nuevamente. Por ejemplo, en la Etapa 1 cuando fui a Córdoba Capital la grúa de tránsito me llevó el auto y casi me muero. La mayoría de la gente me decía que estaban robando muchos autos por la zona e incluso cuando le pregunté a un policía de tránsito me dijo que era normal. De hecho, no había ninguna señalización que valide mi infracción y por eso mismo tenía sentido que me lo hayan robado. No recuerdo haber estado tan nervioso en mi vida como en ese momento.

Una de las cosas más emocionantes que recuerdo fue en Cruz del Eje, Córdoba cuando estaba dando un curso muy improvisado de Python a unas 6 ó 7 personas y les había dado un ejercicio sobre funciones. Pregunta que va, pregunta que viene y en el medio de una explicación a una chica, uno de los asistentes aplaude muy fuerte al mismo tiempo que salta de la silla y grita: “¡Funcionó!”. Eso me hizo lagrimear un poco en ese momento y le dije: “Eso es lo que siente un programador todos los días”. Me sentí muy identificado con esa persona.

Sentí que lo que estaba haciendo tenía sentido y lo estaba pudiendo transmitir.

Otra situación inolvidable fue en el PyDay Apóstoles que hicimos en Mayo de este año en Misiones. Yo estaba con una gripe que a los pocos días después del PyDay me terminó llevando al hospital. Sinceramente, no podía hablar, tenía la garganta muy tomada y además estaba con fiebre: parecía un zombie. Así, con ese estado, le dije a uno de los organizadores si podíamos conseguir otro disertante porque yo no iba a poder y él me contestó: “Te vas a poner bien para la tarde”. Durante todo el día que estuvimos en la Universidad creo que lo único que pasó fue que empeoré, pero sin embargo, durante todo el transcurso del día me pareció que mi charla iba a salir bien, no sé porque. Finalmente, llegó el momento y me subí al escenario. Expliqué mi situación y pedí disculpas. Comencé la charla y fluí como nunca. Parecía que estaba nadando entre todas las cosas que había vivido durante el viaje y sentía que eso le estaba llegando a la audiencia. No recuerdo exactamente el momento o la situación hoy día, pero recuerdo las sensaciones. Al finalizar la charla, se me acerca un chico y me dice: “Tu charla no es sobre Python, es sobre motivación personal” y me dejó helado. Ese fue un momento muy importante para mí. Sentí que lo que estaba haciendo tenía sentido y lo estaba pudiendo transmitir.

También pasé situaciones horribles, que no está de más contarlas. En Tulumba, un pueblo de Córdoba, terminé hospitalizado porque durante los días que había estado en Catamarca Capital me habían picado muchas garrapatas y un sin fin de bichos que había en el hostel en que estaba. Tuve una reacción alérgica que pudo haberse descontrolado. Como si eso fuese poco, en ese viaje de Catamarca a Tulumba me choqué una cabra por el camino y estuve en estado de shock por algunos minutos en el medio de la ruta, parado sin saber qué hacer.

Una de las cosas que más me gusta contar es sobre un taller improvisado que hicimos en San Miguel, Paraguay. Un pueblito que tiene muy poca movida con respecto al Software Libre, pero sin embargo hay una Universidad y un grupo de personas que trabajan en su difusión. Tuve la suerte de contactar “sin querer” a uno de esos chicos mediante la comunidad de CouchSurfing. Al llegar a su casa, conocer su familia y charla de nuestro viaje, nos dimos cuenta que estábamos del mismo lado de la vereda y nos preguntaron si podíamos organizar algo en su pueblo. Lamentablemente, nosotros nos íbamos al día siguiente. “¿Se pueden quedar un día más? Sí es así, ya empiezo la gestión para organizar algo aunque sea con mis conocidos más cercanos de la universidad” – nos dijo.

Nosotros aceptamos y comenzó una cadena mediante email y redes sociales. Al día siguiente, a eso de las 18hs, éramos unas 10 personas en el Telecentro Comunitario del pueblo. Teníamos proyector, refresco, un poco de comida y ya estábamos listos para comenzar con este taller. Hablamos de comunidad, de Python, de proyectos de la comunidad y un sin fin de cosas. Yo preguntaba si les interesaba una cosa, y si me decían que sí, mostraba algo de lo que había hecho en el pasado o estaba haciendo hoy día. Así, pregunta que va, y código que viene, nos quedamos trabajando, programando y charlando hasta las 3 de la mañana mientras afuera llovia y caían rayos. De hecho, hubo un momento en que se cortó la luz y seguimos la charla simplemente con mi notebook. ¡Nada nos paraba!

Bueno, en Asunción, Paraguay organizamos un PyDay bajo las premisas: “Va a ir muy poca gente”, “Te van a confirmar 50 y van a ir 10”, “Si llueve no se va nadie a los eventos acá”, “Python está en el aire, pero nadie lo conoce realmente”, “Tené cuidado a quién le aceptás la charla. Pedile las filminas y asegurate de que hable de Python” y algunas cuantas más cosas más que tiraban muy para abajo sinceramente.

Así, con toda esa presión, logramos organizar desde Python Paraguay (un grupo creado para el PyDay) en conjunto con SENATICs (Secretaría Nacional de Tecnologías de la Comunicación) un PyDay de más de 100 asistentes, con una disertante mujer que habló sobre base de datos y un chico de 16 años que dió la “Introducción a Python”. Como si esto fuera poco, el evento fue declarado de “Interés Tecnólogo”. Personalmente, creo que pudimos demostrar que con esfuerzo y contactando con la gente apropiada no hay nada que no se pueda lograr. Quiero aclarar bien eso, nosotros desde Argentina en Python no hubiésemos podido lograr nada de esto sin el apoyo de toda la comunidad de Paraguay.

Durante nuestra estadía en Posadas, Misiones visitamos varias veces el hospital, primero por una gripe que me dejó más de una semana en cama y luego por razones que mejor no comentar.

También hay muchas otras anécdotas sobre lugares raros en los que hemos tenido que dormir: una comisaría, por ejemplo. O una habitación de 3 × 1,5 mts con el inodoro al pie de la cama, acampar dentro de una estación de servicio o en el salón de fiestas de un hotel; que un perro te robe una de las zapatillas y no volver a encontrarla, ingresar en auto sin querer a las 12 de la noche al centro de una villa muy peligrosa en Corrientes Capital, son algunas de las situaciones que hemos vivido en nuestro viaje.

Una de las más recientes: el bloqueo de Potosí, Bolivia. 25 días sin poder salir de la ciudad, sin conseguir alojamiento y con mucho miedo. Fue el único momento en los últimos 2 años de viaje en el que pensé seriamente abandonar todo y volver a mi casa.

Anita: A finales del 2014 se sumó @EllaQuímica al proyecto. ¿Cuáles aspectos cambiaron visiblemente a partir de tener una compañera en Argentina en Python?

Uf! Esta pregunta podría ser la única de la entrevista y llenaríamos todas las páginas de la revista. Johanna no hizo otra cosa más que empujar, colaborar y trabajar como nadie para que el proyecto crezca y se contagie la energía en todas partes. Nos conocimos por CouchSurfing, su amiga me alojó en el departamento que compartían, hablamos unos días y salió la idea de poder sumarse. Se hizo más fuerte. Probamos 1 semana en Amaicha del Valle, Tucumán durante mi Etapa 2 y dijimos: “Vamos a la PyConAr Rafaela y vemos. Apostemos a 3 meses y hagamos balance mensual para charlar como vamos”. Hoy se están cumpliendo 10 meses de viaje juntos.

Johanna me ha ayudado a salir de las peores situaciones del viaje. En Uyuni, Bolivia, por ejemplo, me intoxiqué con algo en mal estado que comí y estuve con vómito y diarrea durante 3 días hasta que me llevó a la clínica. Estaba muy mal, tenía un estado preocupante y la doctora dijo: “Que bien que le diste mucha agua porque perdió mucho líquido, hubiésemos tenido que internarlo”. Yo, no me podía mover. No entendía la situación. Tenía mucho miedo y no hubiese podido ir a comprar agua por mi cuenta. Me salvó de una grosa y fea.

Además, @EllaQuimica me ayuda con los afiches de los cursos, con la organización de los asistentes, está en todas las registraciones de los eventos bien temprano en la mañana, ¡hizo el diseño de la nueva versión del Micro Tutorial de Python Argentina!, me prepara un mate cuando estoy de muy mal humor, y como si fuera poco: me banca todos los días. ¡Ah! Y una cosa súper importante que me olvidaba; la mayoría de las veces hace ella la gestión de alojamiento mediante la comunidad de CouchSurfing, una tarea bastante agotadora.

Más allá de no estar trabajando fijo ahora y tener más tiempo, Johanna me ayuda muchísimo en tareas que son muy time-consuming y que de otra forma tendría que ocuparme yo mismo de ellas, como hacía a los inicios y no me quedaba tiempo para nada.

Otra cosa que valoro mucho de ella son sus opiniones. Primero que nada, tiene una mirada femenina y además, desde otro ámbito totalmente diferente: el científico.

Otra cosa que valoro mucho de ella son sus opiniones. Primero que nada, tiene una mirada femenina y además, desde otro ámbito totalmente diferente: el científico. Ese ecosistema donde primero te piden el título y después te saludan con el prefijo que corresponda. Entonces, como ella está en una transición de ecosistemas, me ayuda mucho a entender cómo se ve en otras áreas nuestro trabajo.

“Visiblemente” cambió todo. Básicamente pasé a tener tiempo. Eso me permitió hacer un sitio web, traducir alguna páginas, mantenerlo actualizado, organizar eventos (antes de ella creo que solo hice 2 o 3), mantener las noticias por Twitter, y puff!

Anita: En las últimas etapas se extendió el itinerario fuera de Argentina, lo cual te permitió conocer no sólo otras idiosincrasias, sino también estar en contacto con diversas comunidades de software libre. ¿Cuál es tu perspectiva acerca del crecimiento y/o avance tanto en proyectos como en cantidad de involucrados en el desarrollo de herramientas libres en nuestra región?

“Argentina está muy bien”. Ese sería el resumen al día de la fecha. Paraguay y Bolivia tienen muy buenas ideas. He podido estar en contacto con los impulsores de diferentes proyectos en diferentes ámbitos y he notado que lo están haciendo muy bien, que van por muy buen camino pero la están remando de la misma forma que lo estaba Python Argentina cuando yo lo conocí en el 2006.

Sin embargo, hay algo que les falta que no sé que es (incluso lo hablamos con la gente de Paraguay) pero que hace que les cueste mantener una continuidad a las personas que se involucran. Me comentaban en Paraguay que hace 10 años que están buscando ese componente, pero que incluso antes era mucho peor. Eran 2 gatos locos y nadie les daba bola. “Vos llegaste en un momento genial a comparación de lo que era esto” – me decían.

La situación en Bolivia es un poco diferente. Me comentan (y veo) que el problema que tienen es de atracción de personas nuevas, pero que cuando se acercan y conocen lo que hacen y cómo lo hacen es muy probable que sigan yendo a la próxima semana y se comprometan con la causa. Igualmente, en Bolivia pareciera que hay lugares que no existen. Mi sensación es similar a la de la Argentina con respecto a la concentración de la población y la mala distribución del conocimiento: todo está en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. El resto del país no existe.

Según los medios, Bolivia, como país, apoya el Software Libre y hasta tiene leyes para su implementación y demás (al menos eso es lo que llega a la Argentina, ¿no?). Bueno, la realidad dista muchísimo de ser siquiera parecida. La mayoría de las personas no conoce el Software Libre y mucho menos lo usa.

Bueno, la realidad dista muchísimo de ser siquiera parecida. La mayoría de las personas no conoce el Software Libre y mucho menos lo usa.

Algunas cosas interesantes que me topé en Paraguay: Mangocast, un show de tecnología mediante podcast; OSM Paraguay, la comunidad de OpenStreetMap que realiza diversas actividades relacionadas a los mapas libres; la comunidad de SugarLabs y el gran trabajo de capacitación que están haciendo en una ciudad llamada Caacupé; el movimiento de Google Summer of Code” y los nuevos jóvenes que está impulsando; RoDI, un robot producción nacional que se controla por WiFi de una manera muy sencilla y está buenísimo para enseñar programación a los más pequeños.

Y en Bolivia:Proyecto mARTadero, un espacio autogestionado que se dedican a “las artes” y hacen muchas actividades con diferentes enfoques; HackLab Cochabamba, investigan, destruyen chatarra y construyen cosas útiles; Barrio Hacker, proponen construir un barrio que aprovecha las tecnologías disponibles a la fecha sin grandes inversiones; uRemix, un grupo de software libre que organiza diversos eventos; OSM Cochabamba, un grupo de OSM súper activo y que prácticamente nos ha guiado por todas las rutas y calles Bolivianas desde que hemos llegado aquí.

Luego, centenares de personas y empresas con nombre y apellido con mucha capacidad intelectual y participación en diferentes comunidades, aunque quizás no estén tan fuertes esas comunidades en los lugares que yo visité.

Anita: En varias actividades que difundieron han contado con la participación y el apoyo por parte de grupos de programadoras como PyLadies. ¿Cómo ves la participación de las mujeres en los diferentes ámbitos que conforman una comunidad de software libre, más allá del desarrollo con código?

Bueno, primero quiero hacer una aclaración aquí. En diversas oportunidades hemos querido concretar alguna organización con PyLadies pero todavía no pudimos. En principio contactamos a PyLadies Argentina y no llegamos a un acuerdo; luego hablamos con la gente de PyLadies Remoto y pudimos participar con Teacher Assistant en un par de clases OnLine que han dado mediante canales de YouTube Live. Sin embargo, creo que no hemos aportado mucho. Ni nosotros a ellos, ni ellos a nosotros. Es una tarea pendiente que tenemos.

Por otro lado, sí estuvimos en contacto con Django Girls últimamente para la organización de dos talleres utilizando su nombre y todo el material que ellos ponen a disposición. Fueron los dos primeros talleres Django Girls de América del Sur, los organizamos en 2 semanas y, ¡fueron un éxito total!

Te podría decir que en los casi 10 años que hace que asisto a eventos de Software Libre, el 5% (o menos) de la audiencia total son mujeres.

Ahora, con respecto a la participación de la mujer en este ámbito, no estoy seguro de poder dar una opinión con muchos fundamentos ya que soy bastante nuevo en el tema, pero puedo hablar por la experiencia de eventos pasados y compararla con los eventos que hemos estado organizando. Entonces, te podría decir que en los casi 10 años que hace que asisto a eventos de Software Libre, el 5% (o menos) de la audiencia total son mujeres. Sin embargo, las 3 oportunidades en las que organizamos un taller/curso específico para mujeres, llenamos el cupo todas las veces.

Entonces, mujeres interesadas en aprender, programar y compartir hay; existen, y son unas capas. Tienen mucha capacidad, sinceramente. Así que, lo que puedo decir es que por algún motivo no se animan a ir a eventos mixtos y están exigiendo (en silencio) que haya más espacios en este ámbito destinados a mujeres.

Anita: Conozco el proyecto y conozco el lenguaje de programación, pero creo que nunca te pregunté: ¿Por qué python?

Quizás a muchos no les guste esta respuesta, pero ser sincero a veces duele . La verdad es porque fue el primer lenguaje más fácil que C que conocí primero (para ese entonces programaba en C). Si me hubiesen mostrado Ruby en vez de Python el mismo día, hubiese empezado a estudiar Ruby, por ejemplo. De hecho, aunque no sé programar en Ruby, los veo muy parecidos, comparten casi la misma filosofía, la simpleza y la potencia.

Entonces, en primer lugar te podría decir que apareció primero. Pero sin embargo, no hubiese seguido mis estudios de Python si no fuese por “los viejos” de la comunidad de Python Argentina que allá por el 2006 me ayudaron a aprender muchos conceptos, herramientas, utilidades y me mostraron como ser mejor persona. Sí, posta. Han pasado casi 10 años y aún no he conocido una comunidad similar en cuanto a amistad, buena onda, calidad humana y nivel como Python Argentina.
Si hay algo que me hace sentir seguro y seguir adelante con este proyecto es que “sé que si me pasa algo, mi mamá y Python Argentina van a hacer cualquier cosa para traerme de vuelta”.

Última modificación: 24 de septiembre de 2015 a las 19:39